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¡Libertad!

Nelson Castellano / Excónsul de Venezuela en París / nelsoncastellano@hotmail.com
  La libertad implica responsabilidades, adhesiones, respeto, autenticidad, renuncias y compromisos; nos presenta diferentes opciones, frente a las cuales no tenemos más alternativa que responder. De manera honesta, valiente y decidida; valorando percepciones y razonamientos

Al grito de ¡Libertad! el pueblo venezolano se ha volcado a la calle. Del centro al oriente, del norte al sur, del oriente al occidente, no ha quedado ciudad o pueblo que no salió mayoritariamente a las calles para gritarle al títere cubano, que se vaya. El ala militar corrupta anuncia que le causa risa la situación que vivimos. Hace ya tiempo que se ríen del ciudadano venezolano, se han creído eternos; como si solo fuese necesario el poder de las armas para mantenerse mandando.

Ciertamente el chavismo se ha destacado por burlarse de todo; ríe Chaderton con las balas que atraviesan la cabeza de los opositores, ríe Diosdado de los EEUU. Ríen y bailan Cilia y Maduro, porque confían en que sus jefes cubanos no los abandonarán, deberían leer la historia del héroe cubano Ochoa, ejecutado en el altar de la revolución, para garantizar su permanencia. Quizás deberían enterarse mejor de cómo fue el suicidio de “Allende”. Que se necesitaba como mártir del proceso marxista cubano.

Solo que ahora la risa parece una mueca congelada en sus rostros; como en el de los hermanos Rodríguez, Iris, Aristóbulo o Tarek. La crispada expresión facial refleja la incertidumbre y el temor, ante la indignación, que se expresa contra ellos en el pavimento. Frente a la decidida respuesta nacional e internacional, que lo declara a Maduro usurpador y reconoce como legítimo presidente de transición al líder opositor Juan Guaidó.

La paciencia llegó a su límite; el pueblo se cansó de que se rían y roben, de que mientan y destruyan, de que prometan y arruinen. Se cansó también el mundo, de presenciar violaciones de derechos humanos, de permanecer a la expectativa, mientras el proyecto bolivariano financia la desestabilización de los países vecinos, reprima la libertad y cercene la democracia. Fueron muchas las propuestas de diálogo y negociación, fueron muchos los mediadores (honestos y deshonestos). Para terminar confirmando, que este régimen dictatorial solo buscaba tiempo para reprimir, desmantelar las instituciones e imponer su régimen totalitario.

El tributo humano ha sido demasiado alto, delitos que claman al cielo. Venezuela está decidida, sabe que es ahora y ya no hay vuelta atrás. Es también la última oportunidad para un sector de las Fuerzas Armadas, para demostrar que no están vendidos al invasor castrista. Para cumplir su juramento de respetar la Constitución y la soberanía y para que nunca más, ser malditos por el Libertador Simón Bolívar… por haber volteado sus armas contra su pueblo.

El tiempo es corto, la indignación puede convertirse en ira y la ira en venganza. Cualquier error puede desbordar el vaso y terminar con la espera, es tiempo de hacer el equipaje y llevarse sus trapos rojos a cualquiera de sus países cómplices.

No hay mucho que escoger: Irán, Rusia, Turquía, Nicaragua, Bolivia, China o Corea del Norte. A menos que prefieran esos de pequeñísimo perfil chavista como México u Osetia del Sur.

La otra alternativa es el ejercicio de la violencia, que si el régimen la inicia obtendrá la respuesta inmediata de la comunidad internacional, que no aceptará que Venezuela se convierta en un “Gulag del Caribe”. El régimen creía haber aplastado la sociedad venezolana; el pasado 23 de enero, en el país no hubo ciudad o pueblo que no pidiera libertad. Pero también el mundo se vio sacudido por la inmensa masa de venezolanos en el exilio, que pidieron lo mismo al unísono.

Dentro del país ese día se venció la desesperanza y fuera de él al lobby internacional chavista, regado por años con petrodólares. Integrado por manipuladores y oportunistas, que sostienen la revolución cubana, los gobiernos bolivarianos de América Latina y los grupos radicales de izquierda; compartiendo los principios de la lucha armada y haciéndose voceros de “la justicia revolucionaria”. Los recursos negados a hospitales y universidades venezolanas, sirvieron a ese coro de incondicionales con las revoluciones. 

Quienes aportaron las voces de la propaganda financiada, ediciones periodísticas, películas, foros y la fête de la humanité no son más que panfletarios y activistas aferrados al sueño revolucionario marxista, que temen perder lo único que les queda, su utopía comunista. Hoy es el momento de la prudencia, que no es lo mismo que la inacción. 

La libertad implica responsabilidades, adhesiones, respeto, autenticidad, renuncias y compromisos; nos presenta diferentes opciones, frente a las cuales no tenemos más alternativa que responder. De manera honesta, valiente y decidida; valorando percepciones y razonamientos. Separando y distinguiendo entre lógica y sentimientos, pulsiones y deseos, lo permitido de lo prohibido.

El líder está consciente, ejecuta los pasos sin errores. Identificado con valores y principios que le permiten acertar en su toma de decisiones. Los marinos hablan de que tenemos viento en popa, a nuestro favor. Todo marcha bien, según lo planificado.

Le toca representarnos y reivindicarnos, frente a un régimen aterrorizado por entregar; conocen la dimensión de los delitos cometidos. Toca negociar la salida más ventajosa a los intereses superiores del país, no debemos olvidar que sea como sea, la libertad no escapa a la ley de la causa y del efecto.

Esa materia tan delicada debe ser bien sopesada; para lograr el acuerdo que permita el consenso nacional a la solución del conflicto, con el menor número de víctimas.

Eso que llamamos consenso, es algo en lo que todos no estamos de acuerdo totalmente, pero que reconocemos que es el mejor acuerdo posible dentro del desacuerdo. Para brindarle al país la posibilidad de salir de esta pesadilla, y de recuperar la democracia y la libertad. Y por fin de nuevo juntos en nuestra patria.

 

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