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Mal padre, mal gobernante

José Manuel Rodríguez / Consultor político / josemrbconsultor@gmail.com
Un individuo que se comporta de forma soez, mal educada con el entorno; que incordia e incomoda a sus vecinos; que insulta, amenaza y se junta con lo peor del vecindario usando el chisme y la imposición "a la brava" para crear conflictos entre ellos, condena a su núcleo familiar al aislamiento social

"Nada más triste que el espectáculo de un país que por temor soporta un gobierno detestado". André Maurois

Ser padre, más allá de la definición biológica, supone un rol fundamental en el desarrollo del núcleo familiar. Apegados a la concepción de "Páter Familia" del derecho romano, el padre o cabeza de familia es quien rige los destinos y los quehaceres de la familia. Debe ser el proveedor seguro de alimentos, techo digno, educación, salud, además de protección. Es el que pone las normas y las hace cumplir, es el responsable de la justicia y el orden dentro del hogar. Es juez, mediador, resolutor de conflictos: la conciliación es uno de sus deberes más importantes para que los lazos entre los integrantes de la familia sean indisolubles.

Cuando el cabeza de familia se desvía de los preceptos que marcan su lugar dentro de la familia el orden se subvierte. Un "Páter Familia" irresponsable, dispendioso; que dilapida el patrimonio familiar en francachelas, fruslerías y regalos a sus amigotes, que deja de lado su sagrado deber de asegurar el sustento de quienes de él dependen, que no se interesa por su salud, su educación; que maltrata, veja, humilla a los miembros de su familia imponiéndose de forma injusta, los condena de manera irremisible a la pobreza y a la miseria, llevándolos a la desesperanza extrema, a buscar los medios de abandonar ese destruido hogar huyendo de tan atormentantes condiciones de vida, así sea para refugiarse en la casa de los vecinos. 

Un individuo que se comporta de forma soez, mal educada con el entorno; que incordia e incomoda a sus vecinos; que insulta, amenaza y se junta con lo peor del vecindario usando el chisme y la imposición "a la brava" para crear conflictos entre ellos, condena a su núcleo familiar al aislamiento social.

Tanta injusticia termina por despertar la enjundia individual y colectiva. Es odiado por los miembros de la familia, que solo piensan en la forma de echarle de casa y repudiado por los vecinos que acaban por buscarlo para literalmente "caerle a coñazos" y expulsarlo del vecindario. Todo tiene un límite. Saquen ustedes lectores sus propias conclusiones, teniendo en cuenta que Venezuela es una gran familia de más de 30 millones de integrantes. Ah, cualquier parecido con la realidad, es eso, la realidad pura y dura.

 

 

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