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 El martirio de morirse en Venezuela

Emiro Antonio Albornoz L. /Periodista / emiroalbornozl@gmail.com
  En Maracaibo ya es frecuente observar, en los pocos medios de comunicación libres que aún quedan en este país, de la hegemonía comunicacional revolucionaria, casos de familias que no consiguen qué hacer con sus difuntos, porque no cuentan con dinero ni servicios funerarios colectivos

En la Venezuela de la revolución socarrona, la revolución que han convertido en una verdadera zarabanda los jerarcas de esta bazofia política, la gente no quiere morirse, no por dejar de disfrutar los placeres de la vida que más del 80 por ciento de la nación no los conoce, sino porque se convierte en una doble desgracia para sus familiares.

Una es la pérdida del familiar, ya sea padre, madre o hijo, y la otra el grave problema a enfrentar, como es el del entierro del difunto, porque la hiperinflación que ha promovido esta mierda de revolución, no podía dejar de afectar los servicios funerarios.

En Maracaibo ya es frecuente observar, en los pocos medios de comunicación libres que aún quedan en este país, de la hegemonía comunicacional revolucionaria, casos de familias que no consiguen qué hacer con sus difuntos, porque no cuentan con dinero ni servicios funerarios colectivos, y menos obtienen la ayuda de los organismos oficiales.

El 27 de septiembre del año que acaba de fenecer, reseñaba el diario La Verdad, la muerte del ciudadano Énder Bracho, habitante del barrio Los Tres Reyes Magos, de 39 años de edad, quien murió a causa de una desnutrición severa e infecciones y sus familiares no tenían cómo comprar sus medicinas.

“La falta de recursos para esta humilde familia se convirtió en un obstáculo insalvable, ya que además las autoridades no respondieron al llamado de ayuda. Finalmente, los seres queridos del fallecido optaron por cavar una fosa y darle sepultura en el patio de su casa en el barrio Los Tres Reyes Magos”.

Pero como la muerte no perdona a nadie y “nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir”; el 8 de octubre el Diario El Clarín, de Barinas, reseña el caso de una señora que tuvo que ser enterrada también en el patio de su casa, a pesar de que un hijo suyo era defensor de la revolución a brazo partido. “Ya que no hay respuesta de parte del gobernador de Barinas y nadie que nos pueda ayudar, nos tocará enterrar a la señora Bárbara en el patio de su casa”, reclamó ante la cámara una compañera del hijo de la fallecida, Larry Toro, quien pertenecía al movimiento Unidad de Batalla Hugo Chávez, en la localidad de Ciudad Tavacare”.

  “Somos del equipo político siempre combatiente y hemos dado la cara y esto es lo que estamos recibiendo desde el PSUV y de dirigentes estatales. No tenemos respuesta”, lamentó otro interlocutor, que luego ayudó a cavar el hueco para el entierro. Según explicó, la familia llevaba dos días esperando alguna respuesta o ayuda por parte de las autoridades”.

“Muchísimas gracias, en diciembre nos vienen a buscar que le vamos a dar bastantes votos, vamos a salir a luchar por su bonito legado que están destruyendo”. Lo entrecomillado forma parte de las múltiples quejas de los familiares del difunto.

Pero este 31 de diciembre de 2018, según reseña el diario La Verdad en su edición del miércoles 2 de enero, Dave Enrique Moreno, de 41 años, quien padecía el síndrome de Down, murió en su casa del barrio Rafael Urdaneta. Tres días después no lo habían podido enterrar porque sus familiares no contaban con los recursos para proceder a ello. La familia de Molina no tenía recursos para pagar un servicio funerario por el que le pidieron 128 mil, 135 mil y 198 mil bolívares soberanos en tres funerarias que visitaron.

Ante la escasez de recursos y no conseguir la ayuda de la Gobernación del Zulia ni de la Alcaldía de Maracaibo, la familia de Molina optó por improvisar y en la sala de su casa, ubicada en el barrio Rafael Urdaneta, calle 65-A de la parroquia Caracciolo Parra Pérez, colocaron la cama de madera como si fuera la urna.

Al momento de redactar este artículo no conocí el destino final de este difunto, pero debo imaginar que tuvieron que tomar la decisión de enterrarlo en el patio de la casa o algún terreno enmontado cercano. Esto se puede llamar muy bien: “Entierros hechos en revolución”.

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