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 Un pedacito de patria

Nelson Castellano-Hernández/Excónsul de Venezuela en París / nelsoncastellano@hotmail.com
Una sarcástica declaración oficial, trajo a mi mente al iluminado de Sabaneta, que arengaba a las masas con su grito de guerra “tenemos patria”; un invento publicitario para justificar lo que venía… que perderíamos todo, como les pasó a los cubanos. La “patria” de Chávez la coronó Maduro

Los lectores esperan en estos días una señal, una luz en el túnel… unas frases que los ayuden a enfrentar la dura realidad, que levante el ánimo para continuar la lucha. Me parecía que, por las fechas, se imponía un poco de esperanza. Para de alguna manera estimular el estado de ánimo tan decaído, que se empeñaba en estrellarse contra el rostro y el corazón, percibo que nos rodea una energía negativa, producto de la desesperación y de la ausencia de esperanza. Pero no podía escribir; mis dedos se negaban a inventar argumentos que mi corazón no creyera. Se imponía escribir la verdad, describir el dolor, la ausencia, la pérdida,  para entender la dimensión de lo que enfrentamos para intentar explicar esto y para poner los pies en la tierra.

Una verdad que nos ayude a enfrentar la batalla, con la visión exacta de los hechos, que nos permita acertar en las decisiones. En estos días los discursos oficiales parasitan el buen entendimiento. El venezolano se debate entre sus tradiciones y la rabia contenida en sus corazones. Se sabe estafado, burlado, manipulado; lo han despojado de tantas cosas, que hace una cuestión de honor, defender sus sentimientos, sus recuerdos, sus rituales y los momentos felices con familiares y amigos.

Una sarcástica declaración oficial, trajo a mi mente al iluminado de Sabaneta, que arengaba a las masas con su grito de guerra “tenemos patria”; un invento publicitario para justificar lo que venía… que perderíamos todo, como les pasó a los cubanos. La “patria” de Chávez la coronó Maduro, es la patria con “p” minúscula, rojita, manchada de sangre inocente; una patria sin servicios de luz y agua; sin medicinas; sin empresas que produzcan. Es también la patria sin comida; sin tierras cultivadas; sin pollo, carne o café. Sin justicia; sin papel higiénico. Es una patria que sus militares traicionaron, que los que controlan el poder arruinaron y que le robaron lo que producía.

Es la patria de chavistas, enchufados y boliburgueses multimillonarios. Es la patria que el pueblo venezolano abandona caminando, ante la hambruna, la desnutrición y las enfermedades. La torpe y desventurada declaración que estimuló mis recuerdos, la daba Rangel Silva, tratando con nuevas mentiras de justificar, que solo podía entregar a cada uno, un “pedacito de pernil”. Me pareció tan representativo de la realidad… era lo que había dejado la revolución bolivariana, un pedacito de patria.

Cuando un gobernador está ocupado cual dependiente de pulpería, ejemplifica el país que tenemos. El país de Maduro, donde los indicadores sobre la corrupción parecen no tener límites, donde un solo hombre -Alejandro Andrade- puede obtener una comisión por un monto de más de mil millones de dólares, imagínense el total negociado. Entre Chávez y Maduro lograron que el país llegara al puesto 169 del ranking de transparencia internacional.

Hoy se impone decir la verdad sin anestesia, aunque suene duro porque eso incluye también a gran parte de la población, protestando por un pernil, cuando tiene al frente al destructor del país. El gran crimen del régimen es más perverso, porque además de robarse todo, se han dedicado a la transformación del pueblo de Venezuela. Buscan convertirnos en un país de vándalos; masas irracionales que se incitan al saqueo de supermercados, de camiones de productos, de tiendas de artefactos eléctricos. Buscan acostumbrarnos a la ley de la selva, la del más vivo, a la del típico chavista ladrón. 

Intentan desmoralizar al pueblo como hicieron con los militares, cuando implantó el Plan Bolívar 2000 al margen de la Contraloría; una vez que se ensuciaron, quedaron comprometidos y bien callados. Un pueblo que se sienta a esperar que le caigan las cosas de arriba, es un pueblo educado para mendigar. Susceptible de ser manipulado una y otra vez; sea por necesidad o por ignorancia. Si no asimilamos lo que sucede como una triste lección, seguiremos cometiendo los mismos errores. 

Este consejo es válido también para los dirigentes políticos y empresariales; quienes o asumen riesgos vivenciales para superar esta crisis, o sino prepárense para desaparecer. Esto es lo que hay, nos queda un pedacito de patria… ese pedacito es como una semilla, que encierra toda la potencialidad de un árbol. Donde pueden florecer valores, principios, oportunidades, emprendimiento, fe, esperanza, trabajo, salarios, educación, respeto, orden y justicia.

Ese árbol puede dar frutos, venezolanos honestos y emprendedores; empresarios que generen trabajo y riquezas; funcionarios al servicio de su pueblo. Tendrá la oportunidad de crecer y producir nuevas semillas, si los que estamos aquí y ahora, lo cuidamos, habrá que regarlo y protegerlo con el ejemplo, con honestidad y con coraje… Nadie dijo que será fácil construir un nuevo bosque con muchos árboles. Muchos no han querido aceptar, que para que la planta crezca, hay que arrancar la mala hierba que la rodea nacional y extranjera; a la que el chavismo permitió invadir nuestros campos.

No podremos recoger maíz, en una tierra reseca llena de ortigas. Estas malezas se confunden con buena simiente, se disimulan hasta es posible que la tengamos al lado nuestro. Lo primero que tenemos que entender, es que salir de esto es tarea de todos. Demasiado importante para dejarlo en manos de unos pocos, que se han mostrado poco asertivos. El pueblo, las universidades, los sindicatos, los profesionales, los padres de familia, los gremios, todos debemos asumir un rol protagónico en dos frentes, el nacional y el internacional. 

La Iglesia como institución, una de las pocas que despierta confianza, tiene una responsabilidad histórica importante, probablemente convertirse en el factor de unión nacional. La claridad en las posiciones futuras, será crucial para recuperar la confianza internacional. Los egos desmesurados, los intereses partidistas o personales, aprenderán a unificar esfuerzos y a canalizar acciones contundentes o serán ignorados; porque si no, solo quedará espacio para la reacción incontrolada de las muchedumbres enardecidas.

Esto es lo que deseo en el 2019, el nacimiento de una oposición integral, patriota, con estrategias pragmáticas adaptadas a la realidad. Con proposiciones económicas, políticas y sociales, que nos saquen del marasmo actual. Un movimiento nacional, sincero, probo, capaz de hacer alianzas internacionales, con los intereses de política internacional en juego. Que llame a los de adentro y los de afuera, a los profesionales, a los expertos y a los que están dispuestos a enfrentar las horas más difíciles, las horas finales. Así la “esperanza” en el año 2019, tendrá posibilidad de ser una realidad.

 

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