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2018: Un año de fracasos históricos

Jorge Sánchez Meleán / Economista / sanchezmelean@hotmail.com
En 2018 se han puesto de manifiesto indicadores y variables macroeconómicas que revelan, que la economía venezolana es hoy menos de la mitad de lo que era hace 20 años y que cada vez, la actividad petrolera pierde importancia nacional e internacionalmente

Después de 20 años de una falsa “revolución” marxista-castrista, Venezuela culmina el año 2018, en medio de la mayor crisis de su historia contemporánea. Veinte años después, somos un país al margen de la Constitución y la ley, con un poder público ilegítimo, tanto a nivel nacional como estadal y municipal. 

En 2018, Venezuela reafirmó los elementos que son comunes a las dictaduras contemporáneas: el exclusivismo en el ejercicio del poder, las restricciones de las libertades civiles, los métodos represivos de control social y político y la exagerada concentración personal del poder. 

En consecuencia, los principios fundamentales contenidos en el Título I de la Constitución de 1999 son simple letra muerta. Pero si desde el punto de vista político e institucional hemos dejado de ser una democracia en busca de perfectibilidad, desde el punto de vista económico-social ya no somos una economía social de mercado en busca del desarrollo integral.

En 2018 se han puesto de manifiesto indicadores y variables macroeconómicas que revelan, que la economía venezolana es hoy menos de la mitad de lo que era hace 20 años y que cada vez, la actividad petrolera pierde importancia nacional e internacionalmente. Hoy somos una pseudo-economía socialista-comunal más dependiente que nunca, sin capacidad de crecimiento en ninguno de sus sectores y que experimenta la hiperinflación mayor del mundo, no sabemos hasta cuándo. 

Por ello, desde el punto de vista social, los indicadores de pobreza revelan que esta alcanza al 80 por ciento de la población y nos colocan en la cola de los países de América Latina, con un índice de desarrollo humano en permanente deterioro. Además en 2018, se ha puesto de manifiesto aun de manera más dramática, la crisis ética y moral que nos agobia. Nunca los recursos públicos se habían manejado en tales magnitudes con tal grado de deshonestidad y complicidad, desde los funcionarios del primer nivel, hasta los de niveles inferiores. 

Por todo ello, el año que concluye, pasará a la historia como el punto de llegada de 20 años de fracasos sin precedentes en la historia contemporánea, y deberá dar paso a un nuevo año de cambios sustanciales rápidos y profundos. Sin embargo, a pesar de todo ello, desde esta columna envío a todos los lectores mis saludos de fin de año y los mejores deseos porque el año que se aproxima, cargado de incertidumbre, pero también de esperanzas, sea de felicidad en general. ¡Feliz año 2019!

 

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