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Un nuevo año lleno de nubarrones

Emiro Albornoz L. /Periodista / emiroalbornozl@gmail.com
Los hechos demuestran la falsedad del discurso de Maduro: una economía destrozada, desempleados por millones, tres cuartas partes del país pasando hambre hereje, servicios públicos colapsados, y un Maduro amenazando con radicalizarse más en su ideología comunista

Nicolás Maduro ha vuelto a prometer a los venezolanos que el próximo año será el del definitivo arranque de la prosperidad y progreso de Venezuela. Ese manido discurso lo ha venido repitiendo año tras año, desde el mismo momento que asumió la Presidencia de la República, hace seis años.

Hace pocos días, en una de sus cansonas y repetidas  alocuciones aseguró que el año 2019 será mejor para el país, “en Venezuela triunfará la paz, el bienestar, el desarrollo y la prosperidad. Tenemos un solo destino: la paz”.

“Una vez que ustedes me elijan con 10 millones de votos, como Presidente de la República Bolivariana de Venezuela por el período 2019-2025, desde el 1 de junio me lanzaré al gobierno económico de calle, a recorrer el país para ordenar la nueva economía”, eso lo prometió Nicolás Maduro el pasado 28 de abril, a escasos días de las ilegales e inconstitucionales presidenciales en acto proselitista en la ciudad de Barquisimeto, estado Lara.

Si nos ponemos a revisar cuidadosamente todas sus peroratas a lo largo de estos seis años perdidos para Venezuela, nos conseguimos con el mismo discurso. Estoy convencido, que Maduro se aprovecha de una creencia muy particular de todo ser humano como es la esperanza, que es lo último que se pierde y sigue alimentando ese sentimiento, aunque la gente no le cree, y una manera de expresar su rechazo hacia su persona es haciendo lo que llevó a cabo en las recién pasadas elecciones de concejales, a las cuales no acudió a votar ni el 10 por ciento de la nación, aun cuando el CNE dé otros números que aun siendo ciertos, son alarmantes porque se trata de una abstención oficial de 72 por ciento.

En mayo del año que termina, prometió que luego de su reelección todos los problemas del país se resolverían. Pero para la elección de la fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente, llevada a efecto el 30 de junio del 2017, ofreció exactamente lo mismo si la gente acudía a votar por su parapeto, pero ya sabemos lo que pasó: unas elecciones desiertas, centros electorales vacíos en todo el país; sin embargo el CNE habló de más de nueve millones de votantes, que no logró nunca Chávez ni en sus mejores momentos de popularidad.

Para ese proceso, Maduro se atrevió a asegurar el disparate de que le daría rango constitucional a los problemas sociales. Se trata de un viejo cuento como cuento fue también el de los 15 motores de la economía, que salieron “flochos” desde el mismo momento del despegue y nunca arrancaron.

 Ahora ha agregado otras promesas como la de ir de ciudad en ciudad “para ordenar el nuevo mapa productivo, atender los servicios públicos, los problemas de agua, electricidad, transporte y vialidad”, con lo cual acepta de manera velada que está muy claro sobre la grave problemática que afecta a la totalidad de los servicios públicos en Venezuela.

Los hechos demuestran la falsedad del discurso de Maduro: una economía destrozada, desempleados por millones, tres cuartas partes del país pasando hambre hereje, servicios públicos colapsados, y un Maduro amenazando con radicalizarse más en su ideología comunista, sin importarle la miseria que vive el pueblo venezolano. El nuevo año 2019 solo anuncia densos nubarrones sobre Venezuela y peores consecuencias de las que hasta ahora hemos sufrido los venezolanos

 

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