Pernilazo

José Manuel Rodríguez / Consultor político / josemrbconsultor@gmail.com
  Bonos, pensiones, aumentos de salario mínimo, ropa, juguetes, en fin, a grito en cuello se le prometió tener garantizada la más feliz de todas las Navidades de la historia a una minoría que acosada por la necesidad inducida, sigue atándose a la falsa palmada en la espalda que le dieron hace 20 años y que hoy está convertida en una garra de acero que atenaza la boca de sus estómagos

"El delito de los que nos engañan no está en el engaño, sino en que ya no nos dejan soñar que no nos engañarán nunca". Víctor Ruiz Iriarte

Definitivamente, el Gobierno "bolivariano" es una monstruosa máquina de engañar repetitivamente a incautos, utilizando uno de los más perversos y retorcidos mecanismos de sumisión: la necesidad y el hambre.

Como ya estamos acostumbrados a ver, en fechas preelectoreras, el Gobierno anuncia un racimo de dádivas y limosnas, dirigidas a los más fieles seguidores del dislate que durante 20 años se ha encargado de destruir en todos los sentidos a una de las naciones con más potencial de desarrollo de América, para mantenerlos apegados a sus necesidades de aferrarse al poder, tratando de ser más populista que nunca. Falsa bondad revolucionaria.

Bonos, pensiones, aumentos de salario mínimo, ropa, juguetes, en fin, a grito en cuello se le prometió tener garantizada la más feliz de todas las Navidades de la historia a una minoría que acosada por la necesidad inducida, sigue atándose a la falsa palmada en la espalda que le dieron hace 20 años y que hoy está convertida en una garra de acero que atenaza la boca de sus estómagos.

Lo cierto es que las pensiones las pagaron en petros (que alguien me explique) los perniles no llegaron y los que tuvieron la suerte o la desdicha de que le llegara, lo recibieron prácticamente rallado porque tuvieron que conformarse con un pernil de unos cuatro kilos para ser repartidos entre varias familias. Las colas de tres días para comprar tres piezas de la ropa bolivariana ofrecida son de pronóstico. El mismo cuento del año pasado.

Los pensionados, personas que bien por no contar con recursos tecnológicos o conocimientos para acceder a Internet, tuvieron que hacer maromas digitales para convertir los inexistentes petros en bolívares, ya no tan soberanos y así, fueron víctimas una vez más del alevoso ardid.

Y bueno, empezaron las protestas por el fulano pernil, pero por pernil, recibieron palos y gas del bueno.

Ahora me pregunto, A dónde fue a parar la conciencia del venezolano, que protesta por un kilo de pernil, pero ve con indiferencia cómo le conculcaron sus derechos fundamentales.

¡Queremos un pernil! Pero, y la salud, la luz, el agua, la seguridad personal y jurídica, la educación, los contratos colectivos, la escasez, el desempleo, el caos en el transporte, el derecho a elegir ¿Eso dejó de importar porque no llegó el pernil prometido?

El problema no es solo el Gobierno, el problema somos todos nosotros. Perdimos la conciencia social, dejamos que nos invirtieran los valores y que la comodidad de esperar que nos regalen algo prevalezca por encima de lo básico y lo fundamental. Es terrible tener que reconocer que mientras más jodidos estamos, más nos dejamos joder. 

 

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