Tiempo de esperanza y unión familiar

Judith Aular de Durán / Vicerrectora Académica de LUZ / judith.aular@viceacademico.luz.edu.ve
Las pascuas de la Natividad son días para la renovación interior y la superación individual y colectiva. Es celebrar el nacimiento del Mesías que trae la vida y la posibilidad del cambio, de enmendar y renacer

Volvemos  a los tiempos navideños. Época para el reencuentro, la unión familiar, donde esperamos reencontrarnos con esos seres queridos que están lejos y que la dicha, la armonía y la paz reine en nuestros corazones.

Las pascuas de la Natividad son días para la renovación interior y la superación individual y colectiva. Es celebrar el nacimiento del Mesías que trae la vida y la posibilidad del cambio, de enmendar y renacer.

También es tiempo de acrecentar la esperanza, a pesar de los malos augurios. Es enfrentar las fallas y tropiezos con el suficiente arrojo para mejorar el futuro. 

Bien lo ha dicho Su Santidad el papa Francisco: “Hay que recordar bien que no ha nacido el árbol de Navidad, que ciertamente es un lindo signo, pero recordar que ha nacido Jesucristo”.

Los venezolanos necesitamos la reconciliación, la paz y por sobre todo la esperanza, ya que no es fácil la etapa que hemos vivido en los últimos meses con la grave situación socioeconómica que ha desunido los hogares, ya que muchos venezolanos se han visto en la situación de emigrar en la búsqueda de un mejor futuro que en estos momentos, en el país es difícil de alcanzar.

El papa Francisco también ha advertido de “los muchos hombres, mujeres y niños de nuestro tiempo, migrantes y refugiados, marchando para escapar de las guerras, de las miserias causadas por la injusticia social y el cambio climático”.

Es tiempo de que los pueblos del mundo, sin importar las creencias religiosas y principios culturales, fomenten una mayor convivencia, restando peso a los conflictos y enfocando con más detalles las coincidencias y fortalezas comunes.

En resumen, el milagro de la Navidad en el mundo debería consistir en el mayor esfuerzo de países y personas para hacer felices a los otros y compartir la dicha de ayudar. Es simplemente cumplir con el principal mandamiento que nos dejó Jesús: “ama a tus semejantes como a ti mismo”.

Nada nos cuesta. Llenemos nuestras almas de bondad dispuestas al abrazo esperanzador que nutra de fe y optimismo cada corazón, para que la paz, la dicha, la armonía, la felicidad, la esperanza y la prosperidad estén presentes en cada rincón del mundo.

Desde el Vicerrectorado Académico de la Universidad del Zulia le deseo una muy feliz Navidad a todo el pueblo venezolano, en especial a la gran familia universitaria, que es ejemplo de fraternidad y mística en estos tiempos. ¡Bendiciones!

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