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El ocaso de una revolución

Alberto Pineda / Abogado / politemas@gmail.com
La sola adopción de dos reconversiones monetarias es la muestra más evidente de lo que afirmamos.  ¿Qué va a suceder en el futuro próximo que lo tenemos encima? No sabemos. Pero sí aseguramos que mayores calamidades de mayor envergadura padeceremos

Estamos al final del año 2018, el cual ha sido de grandes dificultades para todos. Las que se han sentido especialmente en el campo económico, en el que sobresale un estado hiperinflacionario no conocido en el mundo, que no detiene su marcha y liquida todas y cada una de las medidas, decisiones o políticas adoptadas por el Gobierno, sembrando una profunda angustia en los sectores populares y más necesitados, por carecer estos de salarios suficientes y justos que les permitan la compra de sus alimentos esenciales; afrontar las precarias condiciones del Sistema de Salud, que entre otras cosas se ha traducido en un aumento desmesurado de los medicamentos, y viviendo la realidad diaria para el uso de un transporte público colapsado y en estado marginal, así como la imposibilidad de vestirse debido a los altísimos precios, especialmente en el calzado de cualquier tipo. Pero, si el estado actual de la economía ha creado grandes preocupaciones en la población, las expectativas que se hacen sobre las condiciones del vivir cotidiano que tendremos para el año 2019, nos indican que serán mucho peor a las del presente año. 

Todo apunta a que nos espera un escenario nacional desastroso, con anuncios del agravamiento del proceso super inflacionario, que se expresará sin detenerse en su ascenso, durante el transcurrir de cada hora de los días venideros. Ya no queda mucho cinturón que apretar y el hambre, a todos los niveles de la población se habrá de sentir en toda su intensidad y fuerza devastadora, la que afectará en mayor profundidad a los niños y a los ancianos. Los proyectos para el aumento de la producción petrolera están cundidos de pesimismo y en todo caso, de lograrse resultados modestos, estos llevarán su tiempo, y mientras eso se produce, el hambre continuará tocando los estómagos de la población en forma implacable.

En el campo político existen igualmente escenarios oscuros, en los que el Gobierno, presionado como está, endeudado, con su producción petrolera disminuida, los mercados financieros cerrados como consecuencia de la aplicación de medidas dirigidas a presionar al Gobierno para que impulse un cambio en su política económica y en la vigencia y el respeto de los derechos humanos y políticos, no tendrá condiciones para afrontar el agravamiento de la crisis total que vive el país. Pareciera que las mejores expectativas que el Gobierno podría tener, estarían fundadas en la otra crisis, cuál es, el deterioro por el que atraviesan los partidos opositores, en medio de una lucha intestina suicida por los liderazgos con miras a la conquista del poder, proyectan hacia la calle. 

Debemos señalar que este cuadro que presenta la oposición política de pérdida de liderazgo, viene siendo sustituido por la sociedad civil, que en todos sus estamentos se está organizando, y en consecuencia desplazando a los partidos de sus espacios, siendo estos ocupados por los ciudadanos, fenómeno este para el cual el Gobierno igualmente no tiene políticas ni formas de poder enfrentar por el acelerado y pronunciado rechazo contra sus políticas de gestión, lo que lo mediatiza para proyectar su imagen y con un discurso que reiteradamente utiliza, de escasa audiencia y de cada vez menos aceptación, sembrando mayor desconfianza y falta de credibilidad, por lo cual podríamos vaticinar que las nuevas figuras y liderazgos políticos del país surgirán de entre los ciudadanos organizados.

En este escenario en que nos encontramos, los partidos tradicionales y la nuevas y pequeñas organizaciones surgidas con fines políticos, se han convertido en la expresión de una atomización político-partidista, que lejos de contribuir a la búsqueda de soluciones para la crisis política, lo que ha hecho es radicalizarla, dejando ante la conciencia y a la vista de todos que el país perdió a los prohombres del viejo liderazgo, surgido a la llegada del sistema democrático, sin que las nuevas generaciones hayan podido consolidarse en sus proyectos de liderazgo nacional, en otras palabras, no tenemos generación política de relevo.

Hugo Chávez Frías, como consecuencia de esta realidad que ya se vislumbraba, fue un accidente, un salto al vacío, experiencia vivida durante estos últimos 20 años, y que para su análisis y valoración no ha tenido que transcurrir mucho tiempo, por cuanto el país ha sentido y vive actualmente los efectos graves y las consecuencias desastrosas de su llegada al poder, por la forma arbitraria como gobernó, con políticas dirigidas a liquidar el proceso democrático, la economía proyectada por el sector privado, los sindicatos agrupados en sus federaciones, la incorporación inconstitucional de las Fuerzas Armadas, como actores políticos, el sometimiento de las instituciones del país a la forma y métodos como se dirigía al Gobierno, en la que todos sus protagonistas archivaron para siempre su autonomía, generando un estado de acatamiento no deliberante, silenciosamente cómplice, donde no existió salvo cuando se originaban disentimientos por intereses económicos en juego de los actores que conformaron el Estado-Gobierno.

Las políticas sociales caracterizadas por la creación de un clientelismo político, sustentado en la riqueza petrolera, si bien tuvo su momento de gloria social, para los sectores a los cuales iba dirigida, al producirse la caída del negocio petrolero del país y no habiéndose asentado las bases de financiamiento, sobre las cuales se soportaría esa política social, se ha podido constatar que el petróleo en su mercadeo fue el instrumento que se utilizó para impulsar su creación, implementación y realización, pero el cual a la larga se convirtió en el cuchillo que, en forma inexorable y silenciosa, iría degollando los distintos programas sociales que le dieron al Gobierno, el soporte popular necesario y suficiente para gobernar como quisieron, y que para sostener esa política social de creación de misiones y programas dirigidos a las clases más necesitadas.

El Gobierno ni aun en los mejores momentos de ingresos por renta petrolera, no atendió con todas las intenciones del caso, las recomendaciones de los expertos que señalaban el peligro, que para la economía del país tenía la práctica de emitir dinero inorgánico para el sostenimiento de esos programas, agregándose los agravantes de una corrupción escandalosa e impune, que al final produciría los efectos de llevar al país a la gravísima crisis que estamos viviendo. La sola adopción de dos reconversiones monetarias es la muestra más evidente de lo que afirmamos. 

¿Qué va a suceder en el futuro próximo, que lo tenemos encima? No sabemos. Pero sí aseguramos que mayores calamidades de mayor envergadura padeceremos. Ya no queda cinturón que apretar. Sálvese quien pueda.

 

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