publicidad

El burro no decide y ante la duda muere

Noel Álvarez/Coordinador Nacional de IPP-Gente/Noelalvarez10@gmail.com/ @alvareznv
Por absurdo que parezca, en la sociedad contemporánea, puede que conozcamos a alguien que se parezca al burro de Buridán. No era un asno que tuviera nada de particular, lo curioso de su historia contada por el religioso galo, era la situación en la que se encontraba

Observando la carencia de alimentos que padece nuestro país a lo largo y ancho de su territorio, me viene a la mente la paradoja del burro del monje francés, Juan Buridán, quien puesto a escoger entre dos opciones iguales no fue capaz de tomar una decisión acertada, y a falta de ella, murió de hambre.

El burro de Buridán es el intérprete de esta paradoja medieval que pretendía atacar a la razón como la fuente máxima y única del conocimiento. No era un asno que tuviera nada de particular, lo curioso de su historia contada por el religioso galo, era la situación en la que se encontraba. Por absurdo que parezca, en la sociedad contemporánea, puede que conozcamos a alguien que se parezca al burro de Buridán.

El " asno de Buridán" era un pollino al que, tras tenerlo varios días sin comer, se le puso justo entre dos montones de heno completamente iguales en cantidad, forma y frescor. El animal fue incapaz de moverse porque no encontraba más razones para ir para uno o para otro lado. Su vacilación insensata acabó conduciéndolo hasta la muerte. 

Desde esta perspectiva, el burro muere de hambre por ser muy racional. Una situación parecida se vive actualmente en tierras venezolanas conformada por la indecisión de la gente a la hora de comprar útiles escolares, uniformes, zapatos, comida, artículos de aseo sanitario, entre otros. Al no decidirse qué comprar y cómo moverse porque el dinero no alcanza, se corre el riesgo de compartir la filosofía del onagro francés. 

En estos tiempos de incertidumbre, día tras día, se deben tomar numerosas decisiones, muchas de las cuales tienen un contenido netamente económico. No tomar aquellas que la gente espera y que les permitiría mejorar su calidad de vida, como le pasó al burro, puede acarrear graves consecuencias y con saldo negativo para la población en general. No obstante, transitar por la vida sin ponderar mínimamente los beneficios y los costos de las decisiones que se toman, tampoco parece ser la postura más inteligente.

Como decía Antonio Machado, en sus Proverbios y Cantares: “todo necio confunde valor y precio”. Pero baste con señalar que el aire que respiramos no tiene precio, pues al menos por ahora no pagamos nada por respirar, pero tiene un valor enorme, pues sin él, no tendríamos oportunidad de vivir, aunque si lo expropian seremos compañeros, ipso facto, del burro de Buridán. 

Lo que Buridán proponía era reflexionar sobre los límites de la razón y la incapacidad de la voluntad para decidirse por sí misma ante alternativas igualmente deseables. Para él, la voluntad y el intelecto eran lo mismo, por eso aquella elige inevitablemente lo que este le presenta como mejor o más deseable. La voluntad siempre está determinada por el motivo más fuerte. 

Los filósofos medievales llamaban “puente de los asnos” al teorema de Pitágoras, pues el “que no podía cruzarlo, no lograría acceder a conocimientos matemáticos superiores”. “El puente de los asnos” es definido también como “aquella dificultad que se encuentra en una ciencia u otra cosa y que desanima para pasar adelante”. En aquellos tiempos medievales, y en algunos actuales, muchos estudiantes y futuros gobernantes, con pocas lumbreras, eran incapaces de cruzar el puente de Pitágoras, pero eran los que gobernaban, le agarraban el gustico al poder y luego no querían aflojar “el coroto”.

Ya en el plano de las anécdotas, cuentan que Buridán, además de lógico, como rector de la Universidad de París, era un poco burro, sobre todo, si había alguna dama de por medio. Compitiendo con Pierre Roger de Beaufort, antes de este convertirse al cristianismo, por el amor de la mujer de un zapatero, Buridán le asestó un zapatazo en la cabeza a su contrincante que le produjo una fractura de cráneo. Curiosamente, parece que la lesión potenció de manera prodigiosa la memoria del agredido, quien acabó siendo Papa con el nombre de Clemente VI. 

La leyenda añade que Buridán, fue torturado y murió ahogado en el Sena, adonde fue tirado en un saco, por órdenes de Margarita de Borgoña, la mujer de Luis X, intentando ocultar los cuernos buridanianos del monarca. Existen otras versiones sobre su muerte, pero, como ya se ha dicho, no debemos ser tan precisos cuando existen varias alternativas, por aquello de evitar el mismo desenlace que tuvo el pollino francés. 

 

 

 

 

 

 

Comentarios
© 2017, Diario La Verdad. Maracaibo. Venezuela C.A. RIF J-30540623-5. Términos Legales. Contáctenos via: web@laverdad.com , noticias@laverdad.com o ventas@laverdad.com
Desarrollado por Miguel Guadarrama