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Guerrilleros traidores a la patria

Ernesto García Mac-Gregor / Médico / garciamacgregor@gmail.com
Si a estos guerrilleros se les hubiera aplicado su propia medicina (paredón) todos estuvieran muertos, o presos, como lo estuvieron Pinochet o Fujimori. La diferencia es que unos fueron de derecha y los otros de izquierda

En los años 60, los comunistas criollos no pudieron obtener el poder por las buenas y lo intentaron por las malas, como luego lo haría el intergaláctico en 1992. Fue así como en pleno nacimiento de la democracia (en tiempos de Pérez Jiménez no se atrevían) surgieron los frentes guerrilleros cuyo plan era matar venezolanos para lograr sus objetivos.

Así ocurrió la primera invasión cubana por Machurucuto. Como no se obtuvieron resultados con la lucha en la montaña, se decidió constituir la funesta guerrilla urbana, liderada por el arrepentido Guillermo García Ponce. Después vendría la segunda invasión cubana promovida por el traidor de Chávez y secundada por Maduro que aún padecemos.

Entre las tristes actividades de estas células criminales urbanas, estaba la de “un policía muerto por día” (492 en total) para quitarle el arma y rociarle ácido en la cara”. Entre estos asesinos estaba: Rodríguez Araque "Comandante Fausto", experto en explosivos hoy en estado terminal de cáncer. El padre de Jorge y Delcy Rodríguez, secuestrador que murió en prisión y no le dio tiempo a arrepentirse. Según su hija, actual vicepresidenta: “la revolución es la venganza por la muerte de su padre”. ¡Dios! ¿Y la venganza por los que él mató?

Entre los que incitaban a matar por sus ideas, pero no estaban dispuestos a morir por ellas y que después se arrepintieron están: Petkoff, Pompeyo Márquez, Douglas Bravo y José Vicente Rangel, este último, a través de su diario Clarín, fue vocero oficial de la subversión.

Al ser derrotados por el Ejército, decidieron por conveniencia y no por convicción, acogerse al plan de pacificación e incorporarse a la democracia que tanto habían anhelado destruir y hoy son grandes demócratas. Atrás dejaron abandonados en las cárceles y tumbas a cientos de jóvenes “carne de cañón” que se inmolaron por una causa perdida.

Si a estos guerrilleros se les hubiera aplicado su propia medicina (paredón) todos estuvieran muertos, o presos, como lo estuvieron Pinochet o Fujimori. La diferencia es que unos fueron de derecha y los otros de izquierda. La muerte no redime. Guerrillero es asesino así se haya arrepentido. Que después figure como buen ciudadano es otra cosa muy distinta Que oiga quien tiene oídos…

 

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