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Chavistas de la Edad de Piedra

Ernesto García Mac-Gregor / Médico / garciamacgregor@gmail.com
La explicación es que estos resentidos sociales, al sentir el complejo de frustración y la envidia por el triunfo ajeno, destruyen todo lo que no pueden pillar. El resto se lo roban para convertirse en nuevos ricos

En todas partes existen personajes que se han distinguido por ser visionarios, osados, emprendedores y triunfadores, que con su esfuerzo y tesón han traído el progreso material a su región. Esos adelantados del desarrollo, son admirados y tratados con respeto y orgullo en sus respectivas regiones, pero en Venezuela, los chavistas los tildan de oligarcas, los persiguen, les quitan lo logrado con su esfuerzo y los hacen migrar.

Esta casta de pioneros fueron los que en el ámbito mundial sentaron las bases para que se consolidara la burguesía, que sacó a la humanidad de la edad media y la colocó en plena edad moderna. Sin embargo, los chavistas siguen creyendo que la Edad de Piedra se acabó porque se acabaron las piedras. Tampoco entienden por qué cayó el Muro de Berlín. Su ambición retrógrada es que todos sean pobres como en Cuba, que volvamos al conuco, a la mono producción, al trueque, al guayuco y al primitivismo más rudimentario.

En Venezuela, desde los tiempos de los grandes cacaos, existieron familias que formaron troncos familiares donde se cultivaron los valores, combinando el buen vivir con el don de gente y la sencillez. Pero ya hace tiempo que el chavismo declaró que la urbanidad, las buenas costumbres, el buen gusto, y todo lo relacionado con las más fundamentales normas de educación eran hábitos propios de la sociedad decadente burguesa y por tanto debían ser combatidos. Las purgas de Mao y Pol Pot volvieron a la vida.

Con la migración europea de la posguerra, los recién llegados se mezclaron con la población criolla para instituir una clase media gigantesca, cultivada, poderosa y trabajadora que cambió para bien los destinos de la nación. Tres generaciones de esa estirpe han abandonado el país perseguidos por esta dictadura retrógrada que quiere acabar con todo lo que sea adelanto y cultura. 

La explicación es que estos resentidos sociales, al sentir el complejo de frustración y la envidia por el triunfo ajeno, destruyen todo lo que no pueden pillar. El resto se lo roban para convertirse en nuevos ricos, que debido a que son el producto de súbitas fortunas, no les da tiempo de superar el aldeanismo innato y la insignificancia propia y caen en la cursilería chabacana del nuevo riquismo. Que oiga quien tiene oídos…

 

 

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