De politólogo a veterinario político

Leandro Rodríguez Linárez/Politólogo/ leandrotango@gmail.com / @leandrotango
Lo que distingue al hombre del reino animal es su capacidad de raciocinio, pero en Venezuela la irracionalidad se apoderó de lo económico, lo político y social. Cuando una persona lleva a su mascota al veterinario, esta no puede decir qué le aqueja, por ello estos cientistas deben intuir entre síntomas y demás métodos

Es difícil circunscribir al chavismo a una tipología específica, pues le cuelgan muchas etiquetas. Para los especialistas, esta mentalidad (no es una ideología) posee herencia de las peores dictaduras, de los peores gobiernos neoliberales, incluso, de regímenes absolutistas, donde una élite (cívico-militar) se adueña del país, y valga decir “se adueña”.

Reina la incertidumbre, el Gobierno ha hecho de todo para ser depuesto, pero sigue en pie, principalmente porque institucionalizó la violencia en una nación amante de la paz, enemiga de la guerra, que posee un desdichado talento de adaptación a toda coyuntura por terrible que sea. Venezuela hace gala de la patología política, social y administrativa más ruin del planeta, por ellas pasa de todo y a la final no pasa nada, el venezolano termina entregándose a la sobrevivencia, a la resignación, se hacen de ambas el modus vivendi de un país a la deriva, abandonado a su suerte por propios y extraños.

Así, predecir el acontecer político venezolano se hace sumamente difícil y a la vez muy fácil, es cuesta arriba predecir con exactitud cuál será el próximo paso del Gobierno toda vez que acomoda el tablero a sus necesidades más urgidas del momento, por ello apreciamos cómo corre la arruga del referéndum aprobatorio a la nueva Constitución, al aumento de la gasolina, al devenir del Parlamento nacional, así como una interminable lista de problemas económicos, financieros y otros de contexto globalizados muy graves.

Al mismo tiempo, cualquier analista político puede acertar prediciendo el agravamiento de cualquier escenario y “lo pegará”. Es muy sencillo predecir el empeoramiento de la inflación, la inseguridad, la escasez, el recrudecimiento de los conflictos políticos, la persecución, atentados contra la libertad de información, de opinión, de protestas, el redoblamiento de sanciones/acciones internacionales contra figuras gubernamentales, etc. Estimados lectores, tengan ustedes la plena certeza que quien prediga estos sucesos, acertará.

La política en Venezuela hace mucho tiempo dejó de ser sensata, racional, por ejemplo, connotadas figuras opositoras como Hermánn Escarrá, Ricardo Sánchez y William Ojeda, que pasaron de afilados opositores, contra lo que para ellos era una cruenta dictadura, a ser sus más íntimos defensores; por eso asombrosamente apreciamos madres y padres de familia marchando para que no les otorguen los títulos de propiedad de las viviendas que ocupan; por eso vemos a reconocidos líderes opositores personificando “Crónica de una muerte anunciada” participando en mataderos electorales; vemos comunidades infectadas de dantescas problemáticas, pero en sus asambleas parlotean acerca del partido, de sus líneas; por eso tenemos al peor gobierno de nuestra historia, pero con una oposición de partidos aún más débil y un largo e irracional entre otros.

Lo que distingue al hombre del reino animal es su capacidad de raciocinio, pero en Venezuela la irracionalidad se apoderó de lo económico, lo político y social. Cuando una persona lleva a su mascota al veterinario, esta no puede decir qué le aqueja, por ello estos cientistas deben intuir entre síntomas y demás métodos. Hoy los analistas políticos deben actuar igual; en Venezuela, una cosa es lo que se dice y otra los hechos, para intentar predecir con precisión los escenarios que se avecinan, más allá de generalidades presabidas, se debe leer entre líneas, estudiar síntomas y demás factores invisibles, como lo haría un veterinario… pero de la política. 

 

 

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