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¿Recuperación?, crecimiento, y progreso?

Jorge Sánchez Meleán/Economista/ sanchezmelean@hotmail.com
Es asombroso comprobar que solo tenemos en funcionamiento 27 taladros petroleros, cuando en 2014 teníamos 83. Con un general al frente de PDVSA hemos perdido 600 mil barriles diarios de producción petrolera. En lo que va de año, el 71 por ciento de las empresas registran disminución de sus ventas

Cuando Venezuela presenta indicadores económicos y sociales que asombran por su deterioro al resto del mundo, el régimen pretende engañar a los venezolanos haciéndoles creer que experimentamos un período de “recuperación, crecimiento y progreso”, después de las medidas tomadas el pasado mes de agosto. Nada más falso e irresponsable. Desde hace dos meses la economía venezolana ha agravado su crisis estructural. La reconversión monetaria ha estimulado un proceso hiperinflacionario que tiene ya un año de duración, duplicando el índice de precios mensual, que ya alcanza a 223 por ciento. 

Según algunos analistas, ya el salario mínimo debería ser de 5.060 bolívares soberanos, para poder tener el mismo poder adquisitivo del salario mínimo existente en diciembre de 2017. Todo esto ha disminuido la demanda agregada de la economía, al empleo y ha conducido al cierre de numerosas empresas en todos los sectores de la economía. Hoy tenemos el mismo PIB que teníamos en 1989. Solo la producción petrolera ha caído un 50 por ciento, situándose en la misma que teníamos en 1947. Tenemos la misma producción per cápita en barriles de petróleo que en tiempos de J. V. Gómez. 

Es asombroso comprobar que solo tenemos en funcionamiento 27 taladros petroleros, cuando en 2014 teníamos 83. Con un general al frente de PDVSA hemos perdido 600 mil barriles diarios de producción petrolera. En lo que va de año, el 71 por ciento de las empresas registran disminución de sus ventas. Y son preocupantes las cifras que se conocen del sector agrícola y del industrial. En consecuencia, estamos en medio de un proceso de estancamiento y de inflación sin precedentes en América Latina, que las medidas de agosto, antes que frenar han estimulado peligrosamente. 

Estamos además en un país con escuelas medio vacías en un nuevo año escolar y con hospitales, donde aumenta la mortalidad por falta de los medicamentos básicos. Los índices de pobreza alcanzan ya al 80 por ciento de la población. Por eso a nadie puede extrañar, pero sí alarmar la estimación de crecimiento negativo del PIB, en Venezuela para 2018, que dio a conocer el Banco Mundial: 18,5 por ciento, y esto después de cinco años de decreciente continuo. 

En consecuencia, basta ya de hablar de “recuperación, crecimiento y progreso”. En Venezuela lo que experimentamos es un “agravamiento, retroceso e involución” de la situación económica y social, que amerita una salida rápida, pacífica y constitucional, a través de la unión de todos los afectados por ella, para tener cuanto antes un gobierno de transición que recupere la esperanza en el futuro de la economía.  

 

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