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Santos, el demonio de Lorent Saleh

Edward Rodríguez/Consultor/ erodriguez74@gmail.com
Sin duda, el Santos del premio Nobel de la Paz no era el Santos de Saleh, sino su demonio; hoy es bueno recordar, que si esa decisión del ahora expresidente Juan Manuel no se hubiera ejecutado, la vida de Lorent fuera otra

Dos años después de que Lorent Saleh fue expulsado de Colombia con fundamentos en el artículo 105 del Decreto 4000 de 2004 de la Constitución colombiana, que faculta “expulsar a los extranjeros que a juicio de la autoridad migratoria realicen actividades que atenten contra la seguridad nacional, el orden público, la salud pública, la tranquilidad social y la seguridad pública”, el presidente, Juan Manuel Santos, recibe el 7 de octubre del 2016, la noticia de que había sido galardonado con el premio Nobel de la Paz.

Para esa misma hora en la que Santos era sorprendido con tal galardón, el joven estudiante universitario Lorent Saleh era torturado al ser recluido en un calabozo de 2x3 metros, con paredes y luces blancas prendidas las 24 horas del día, sin derecho a ver el sol, y mucho menos a la paz. Este sitio es conocido como “La Tumba”, ubicada en el sótano 5 del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) en Caracas-Venezuela.

El que llegó a ser “el mejor amigo de Maduro”, como él mismo lo señaló, vivió momentos de alegría y reconocimiento mundial por convertirse en el sexto latinoamericano, en cien años, en recibir el galardón y acompañar en la lista a los argentinos Carlos Saavedra Lamas (1936) y Adolfo Pérez Esquivel (1980), el mexicano Alfonso García Robles (1982), el costarricense Óscar Arias Sánchez (1987) y la guatemalteca Rigoberta Mechú (1992).

Estas ironías de la vida se vivieron en un mes de octubre, uno el 7 y el otro el 12, pero de diferentes años, a Lorent  Saleh con 30 años de edad le arrebataron cuatro años de su vida, de juventud, de trabajo, pero sobre todo de libertad en un inhumano y tenebroso calabozo de la Policía política del régimen de Nicolás Maduro, por decisión del Nobel de la Paz colombiano, Juan Manuel Santos; quien prácticamente lo sentenció al entregarlo a las autoridades venezolanas a sabiendas de que le esperaba la privación de libertad y todo ese calvario, que casi lo lleva a la locura y al intento de suicidio varias veces.

Conversando con colegas periodistas en Colombia me decían que Lorent, quizás tenía un “discurso incendiario” o polémico, pero no mataba ni a una mosca, tampoco andaba metido en cosas distintas que no fuera la denuncia contra el régimen de Nicolás; por eso no terminan de entender por qué fue detenido y extraditado para ser condenado a cuatro años de reiteradas violaciones de sus derechos humanos.

Sin duda, el Santos del premio Nobel de la Paz no era el Santos de Saleh, sino su demonio; hoy es bueno recordar, que si esa decisión del ahora expresidente Juan Manuel no se hubiera ejecutado, la vida de Lorent fuera otra.

Los premiados Nobel también se equivocan, sino que lo diga Santos, que a pesar de los esfuerzos por lograr el acuerdo de paz con la guerrilla de la FARC, días antes de recibir el galardón perdió la consulta popular y los colombianos le dijeron que “no” al papel que le costó cuatro años de negociación en La Habana.

Por allí dicen que “es de humanos errar, y de sabios rectificar”, esperemos que algún día el premio Nobel de la Paz le ofrezca unas disculpas a Saleh por haberlo entregado y haberle truncado su futuro y haber convertido cuatro años de su juventud en un infierno. El demonio no pide perdón, esperemos que el Santos sí.

 

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