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Reconstruir

Nelson Castellano H./Excónsul de Venezuela en París/nelsoncastellano@hotmail.com
Las cosas deberán volver a un cauce normal, con sus especificidades inherentes y distintas, los políticos, los medios de comunicación, la academia, la Iglesia, los gremios, tienen cada uno un rol propio que jugar

La semana pasada escribí motivado por mantener viva la esperanza; motor esencial a la acción, al sacrificio y a la constancia. Entiendo que las batallas no se ganan con personas abatidas o deprimidas.

Dos tipos de reacciones me impulsan a profundizar los planteamientos; la primera de ciudadanos amigos, sensatos, que entienden que también es necesario planificar las acciones de respuesta. La segunda, la del cubano necio que me insulta, porque teme que mientras exista esperanza, el plan castrista corra peligro.

Otras actitudes también llaman la atención el que busca un “chivo expiatorio” a quien cargarle la culpa de la victoria electoral de Chávez. No quieren que se les recuerde que muchos venezolanos lo eligieron, decepcionados de los políticos de la época; existen aquellos que buscan olvidar que, grandes sectores de nuestra sociedad, apoyaron, financiaron y promovieron su candidatura, creyendo que podrían manipularlo.

Es cierto que jamás, un gobierno del pasado le había hecho tanto mal a Venezuela, como el chavismo. Pero no es preciso mentirnos ni convertir en héroes aquellos políticos, que contribuyeron a la pérdida de credibilidad en los partidos. Recordemos que un sector de la sociedad se sentía excluido. Que había ostentación y corrupción; solo que en la distancia parecen propinas, frente al monumental robo nacional actual.

No podemos sufrir de amnesia y olvidar todo el poder de Blanca Ibáñez, ni que la propia AD votó por la destitución de CAP. Evidentemente, la distancia entre el pasado y la realidad es abismal. Para avanzar debemos asumir la verdad, no existe otra alternativa, la crisis permite realizar una introspección sobre lo que pasó y por qué. Para entender por qué llegamos a Chávez y cómo pudo destruir el país, para no repetir errores y poder elaborar un acertado proyecto de reconstrucción. El líder necesario será quien asuma su responsabilidad, quien ofrezca al pueblo una perspectiva de futuro, que explique claramente la ruina y sus causas, todo dentro de un proceso pedagógico.

Necesitamos imperativamente tres cosas: aceptar nuestras fallas, comprender la naturaleza del régimen y planificar la salida realista. A nivel nacional e internacional comienza a plantearse la salida posible a un régimen dictatorial que jamás entregará el poder por las buenas. Llegó el momento de actuar, la tragedia venezolana urge. Instituciones como el Centro para el Desarrollo Internacional de la Universidad de Harvard, asume y sostiene: “Todo esto le impone a la comunidad internacional la obligación de intervenir para evitar una catástrofe humanitaria mayor”.

Paralelamente es el momento de impulsar una transformación de mentalidad, de probar que aprendimos a ser mejores. La nueva generación deberá tener conciencia de que la corrupción es destructiva y estar preparada para no aceptarla. La educación nacional tendrá una gran responsabilidad, los economistas también. Las universidades junto al empresariado, deberán promover nuevas carreras para jóvenes emprendedores, que regresan con experiencias de trabajo distintas, que han vivido la crisis, podrán convertirse en incubadoras de nuevas empresas. 

Centros de creación de futuras Start Up venezolanas, que tengan como objetivo el mercado internacional. Es preciso una educación en las prácticas correctas de la administración, acabar con la política del vivo, del gestor corrupto, de la coima, el peaje, la vacuna y pagos por “debajo la mesa”. Otra de las consecuencias de la catástrofe venezolana, ha sido dejar de lado las personas preparadas. El chavismo rechazó confiar el Gobierno, las instituciones y las empresas nacionales en manos competentes.

Tendremos que afrontar los verdaderos problemas, la demagogia y el sistema clientelar político. A muchos políticos, como sucedió antes, les ha faltado el sentido del Estado; necesitamos transformar el populismo y tener la voluntad de actuar como estadistas. La principal causa del desastre fue repartir una riqueza que no se producía ni de mantener la empresa que garantizaba el funcionamiento del Estado. En medio de la pobreza, es preciso descubrir de nuevo la fuerza de combatir, de tener éxito; salir de la depresión chavista que entró en cada casa, salir del oscurantismo del Socialismo del siglo XXI. Un dirigente tiene que estar preparado y bien asesorado. 

La emoción en los discursos, las buenas intenciones, no bastan para salir de la crisis; mucho político con carisma puede ignorar lo que debe hacerse… el manipulador, predestinado, apadrinado, el que le gusta cuadrarse con el poder… tendrá que ceder, frente al formado, sincero y que trabaja en equipo.

No puede haber espacio a la improvisación, debemos planificar lo que tenemos que hacer con la función pública. Hay que ir más allá de las posturas, conscientes de que habrá que tomar decisiones difíciles, hacer ajustes y controlar el gasto público; bien explicar la dimensión del desastre, para que pueda ser aceptada la austeridad.

Necesitaremos de un empresariado honesto, transparente en el cumplimiento de la ley, que resista a la corrupción, para que cambien las cosas. Tampoco podemos ignorar, que las políticas liberales no podrán ser realidad, dejando de lado lo social. La crisis es de tal magnitud, que la libre empresa, el capital, la inversión, no pueden profundizar aún más las desigualdades sociales.

Necesitamos un mínimo de consenso en la sociedad, los partidos tendrán que pensar primero en la sociedad; ganar la legitimidad de gobernar, despertar confianza. El nuevo Gobierno debe satisfacer el mínimo existencial, corregir las desigualdades y proteger los más débiles. Prácticamente salimos de una guerra orquestada para empobrecernos y oprimirnos.

Las cosas deberán volver a un cauce normal, con sus especificidades inherentes y distintas, los políticos, los medios de comunicación, la academia, la Iglesia, los gremios, tienen cada uno un rol propio que jugar. Será necesario la reforma del Estado, volver a la descentralización, privatizar muchas empresas, para hacerlas productivas. Un control fiscal estricto; limpiar la administración pública de los becarios del PSUV, modernizar la legislación, reducir la burocracia y promover el empleo útil.

Tendremos que comenzar con objetivos micros y macros. Desde medidas económicas globales, construir una nueva empresa de energía, que incluya otras fuentes de producción, hasta la creación del pequeño comercio de proximidad. Con una voluntad manifiesta, que despierte la fe en el mañana; para que vuelvan los estudiantes, los médicos y los profesores. 

Tendremos que reinventar el turismo y una nueva escena alternativa.

La cultura será decisiva para salir de la barbarie, el país que pudo construir la Ciudad Universitaria, el Jardín Botánico, el Museo Sofía Imbert, la Orquesta Simón Bolívar, el Ateneo de Caracas, debe retomar el hilo creativo, donde la educación y la cultura sean los pilares de civilización.

 

 

 

 

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