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La revolución de los ocho ceros

Armando J. Urdaneta Montiel/Economista/ajum69@gmail.com
Ahora en 2018 van por los restos de las empresas privadas sobrevivientes que se niegan a morir, a pesar del maquiavelismo de la élite revolucionaria de querer fundirlas inyectándoles con altas dosis de hiperinflación y devaluación

Sin temor a equivocarme, esta revolución significará para nuestra historia republicana un capítulo de miseria, hambre y destrucción de cualquier posibilidad de progreso social y desarrollo económico de la nación; al ser capaz de devaluar en 20 años 100.000.000 % nuestra moneda, y en igual medida haber provocado un incremento general de precios de los bienes y servicios de nuestra economía. 

Los primeros tres ceros fueron responsabilidad del gendarme de Sabaneta de Barinas y los cinco ceros siguientes del chofer cucuteño con licencia de quinta chimba; este nuevo cono monetario sin duda alguna resultará otro disparate que busca distraer la atención de los verdaderos problemas del país y por ello morirá al nacer.           

Pero lo que sí debe quedar claro, es que en los recientes anuncios económicos por parte del régimen quedan demostradas las verdaderas intenciones perversas de la cleptocracia gobernante, cuyo máximo objetivo, luego de mantenerse en el poder a costa de lo que sea y como sea, es destruir de forma paulatina cualquier resquicio de contrapoder que emane de la propia sociedad. 

En el 2017 asesinaron, acribillaron y encarcelaron la protesta ciudadana y terminaron de quebrar económicamente las universidades públicas y privadas; ahora en 2018 van por los restos de las empresas privadas sobrevivientes que se niegan a morir, a pesar del maquiavelismo de la élite revolucionaria de querer fundirlas inyectándoles con altas dosis de hiperinflación y devaluación.

Es que pensar que esto no ha sido premeditado a lo largo de 20 años por la tutoría castrista con total premeditación y alevosía, con avances y retrocesos, desde el gendarme de Sabaneta de Barinas hasta el chofer cucuteño con licencia de quinta chimba, sería una gran pendejada para cualquier analista que se ufane de tener un buen discernimiento. Sencillamente  porque los procesos revolucionarios comunistas tienen como único fin acabar con la estructura social capitalista, de allí que los actores políticos que la dirigen no entiendan de diálogo, ni de encuentro, ni de compartir y mucho menos de pluralidad, y todo aquel que sea diferente es antirrevolucionario y enemigo acérrimo de la revolución y por tanto pertenece al pasado, y al enemigo ni agua.

Pero esto ha sido una estrategia progresiva, primero los altos niveles de inseguridad ciudadana, con una tasa de más de 100 homicidios por cada 100 mil habitantes, posteriormente las cada vez más restricciones, en el acceso a las divisas hacia al sector productivo privado independiente, generando como resultado alta inflación, y una aguda escasez de alimentos y medicamentos.

Luego el colapso total de los servicios públicos, en especial el eléctrico, y la última dosis fulminante combinada de megadevaluación e hiperinflación, que fueron provocando que de manera progresiva comenzase desde hace ya unos 10 años atrás, una primera diáspora de venezolanos hacia el exterior; primero, los más opulentos, luego la clase profesional en varias oleadas de acuerdo a su capacidad económica, y finalmente la clase media-baja, la cual buena parte ha salido y otra está en proceso.   

  

 

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