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Sin sexo no hay paraíso

Noel Álvarez / Coordinador Nacional de IPP-Gente / Noelalvarez10@gmail.com / @alvareznv
Esa tan deseada paz interior, la encontraron las mujeres de Atenas y Esparta cuando cansadas de la violencia, la guerra y los diálogos frustrados, decidieron castigar a sus maridos y convocar a una huelga sexual

Mahatma Gandhi nos dejó esta frase que tiene mucha vigencia en tiempos revolucionarios: “Para llegar a la paz, antes debes sufrir los peores castigos a fin de que te sea perdonado lo que has hecho a los demás: eso es encontrar la paz interior”. Hoy en día resulta frustrante, ver cómo existen personas en puestos de Gobierno que se resisten al cambio. Disfrazan su fracaso propiciando diálogos frustrados, sin darse cuenta que la única forma de progresar es mediante el cambio positivo, lo cual conlleva a que mejoren las condiciones económicas, políticas y sociales de una nación.

También es cierto que,  si queremos recorrer con éxito el camino que nos lleva a la paz interior, tendremos que desmontar algunos de los obstáculos personales que nos atenazan: el miedo al futuro y las lamentaciones por el pasado. Esa tan deseada paz interior, la encontraron las mujeres de Atenas y Esparta cuando cansadas de la violencia, la guerra y los diálogos frustrados, decidieron castigar a sus maridos y convocar a una huelga sexual, cuya única finalidad era: alcanzar la paz. 

Las mujeres tomaron la Acrópolis, símbolo del poder del espacio público y de la ciudad, y prohibieron la entrada de los hombres. Los guerreros acostumbrados a reforzar su moral tras cada batalla, en el lecho conyugal, tuvieron que aceptar que sus vidas habían cambiado: ahora eran ellos los que debían encargarse de limpiar la casa, hacer la comida, cuidar a los hijos y, lo que era peor  ¡dormir solos!

Llegó un momento en que los hombres, aseguraban tener “inflamada la ingle” y varias mujeres suplicaron interrumpir la huelga por unas horas, pero Lisístrata se negó. Finalmente se firmó la paz entre Atenas y Esparta; los hombres decidieron terminar la guerra: más había podido “la yunta de bueyes” que su espíritu guerrero. 

Muchos escritores opinan que la obra, Lisístrata, se ha convertido en un símbolo del esfuerzo organizado a favor de la paz, argumento utilizado habitualmente por Aristófanes para protestar contra la guerra. Otros consideran al escritor un pacifista y también el primer feminista de la historia. Calificativo último con el cual no está de acuerdo la escritora española María Teresa López de la Vieja, quien  en su libro “Feminismo: del pasado al presente”, dice que “Aristófanes utilizó la figura de la mujer para criticar la política mal dirigida por los hombres”. Durante la obra, las mujeres tomaron el control de la sociedad, pero al final de la comedia, el sistema patriarcal volvió a imponerse.

 

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