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El ángel de la muerte

Jesús Salom C. / Vicerrector Administrativo de LUZ /jasalomc@gmail.com
El Gobierno sigue la ruta marcada por otros dictadores históricos. Poco importa la miseria y el sufrimiento del pueblo. Solo en este contexto puede explicarse el sadismo del régimen contra el pueblo que impone los más perversos castigos

Sobran las teorías para explicar el caos que vive el país y el estado de postración del otrora orgulloso y optimista pueblo venezolano. Nada ni nadie le impide al régimen llevar adelante el proyecto político-económico, social y cultural que impone la fuerza sobre la razón, la ciencia y el humanismo. Pretende borrar de la historia y del consciente colectivo, la realidad que fue Venezuela. Un país en franco desarrollo y regido por la Constitución y unos poderes públicos que mal que bien cumplían su rol. 

Roto el dique de contención que fue la democracia posdictadura perezjimenista, el régimen utiliza los valores que la identifican para debilitarla y convertirla en un pelele. Más allá de la incapacidad e incompetencia gubernamental para diseñar efectivas políticas que atiendan y resuelvan los caóticos problemas cotidianos, el aparato productivo en ruinas y unos servicios públicos básicos inservibles (horrible la cuestión eléctrica), también muestran su férreo plan para derruir la esperanza de que haya libertad y un cambio en la orientación política del Estado. El Gobierno sigue la ruta marcada por otros dictadores históricos. Poco importa la miseria y el sufrimiento del pueblo. 

Solo en este contexto puede explicarse el sadismo del régimen contra el pueblo que impone los más perversos castigos; al mismo tiempo que le muestra la puerta del exilio como única forma de evadirse del espantoso fantasma de la miseria. En este sentido, utiliza su falso humanismo y un vergonzoso nacionalismo para salir de enemigos políticos y cierra las fronteras a instancias internacionales que tratan de remediar la crisis humanitaria interna.

Steve Pinker postula que corrientes populistas como la del régimen nacional son una carga para el progreso de los países donde están asentadas. Un retraso porque en su afán de imponer sus ambiciones políticas conscientemente van a derruir el edificio constitucional e institucional para mantener el poder por tiempo indefinido. 

Contra esto tenemos que luchar: Los que estamos afuera, impulsando cualquier propuesta constitucional que permita salidas a la crisis; los que se quedan, mediante la lucha activa para superar la miseria, los miedos y el terrorismo de Estado. La brutal escasez de electricidad, de agua y de gas empieza a pasar factura. Hay protestas. La gente está cansada y agotada de tanta desidia y cinismo. Hay inquietud.

 

 

 

 

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