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Un estado de locura extrema

MgS. José L. Zambrano P. / Director de la Biblioteca Virtual de Maracaibo “Randa Richani” / @Joseluis5571
La única determinación congruente de la gente es la de emigrar sin mayores reflexivas. Los eurodiputados desean calibrar el reto humanitario, como bien lo han dicho, mostrando solidaridad con los “desplazados y refugiados” de nuestro país

He considerado desde hace tiempo, que en Venezuela se dan las teorías inversas y las lógicas revueltas. El anuncio de un aumento salarial debería de erigirse como un aliciente sin pretextos para esbozar una sonrisa y soltar algún suspiro de alivio. 

Este incremento sólo agrava la ruindad y decadencia social, económica y política a las cuales no les recetan escapatorias, y alcanzará a duras penas para adquirir un kilo de carne. Es una burla empecinada por recordarnos que más del 85 por ciento de la población están en la pobreza y que existe un fervor desmedido por subir el porcentaje. 

Impera tanto la indignación, que se habla de paros masivos en los próximos días. En el Zulia los acalorados apagones tienen en un nivel de hastío tan  mayúsculo, que probablemente ya ni se vean a las maltratadas iguanas -culpadas por el Gobierno de roer los cableados-, siendo quizá consumidas a pedradas por la población alteradas o en un plato poco suculento en plena consternación del hambre compartido.

No hay alivio a la carencia ni intenciones serias para mermarla. La única determinación congruente de la gente es la de emigrar sin mayores reflexivas. Los eurodiputados desean calibrar el reto humanitario, como bien lo han dicho, mostrando solidaridad con los “desplazados y refugiados” de nuestro país. Casi un millón de compatriotas se han ido por esos linderos entre 2015 y 2017, situación a la que estos diplomáticos han catalogado de “tragedia” y de “política fratricida contra el noble pueblo venezolano por parte de su Gobierno”.

Posición semejante asumió también el alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Zeid Ra’ad al Hussein, quien encargó a la CPI a que tome cartas en el asunto, sobre los graves abusos cometidos en nuestro país, ante la “impunidad generalizada y la inacción del Estado”.

La ONU le ve lógica, tal vez, al enfriamiento repentino de las calles. Quién arriesga el pellejo frente a los “homicidios, presuntas ejecuciones sumarias, uso excesivo de la fuerza en contra de manifestantes, torturas y detenciones arbitrarias a manos de los componentes de seguridad”.

No existe aumento monumental ni discurso frenético para calmar las perturbaciones del hambre. Pero andar entre escombros no implica el bajar la fe y la valentía para luchar por los ideales. La libertad es una siembra que se ramifica en las raíces categóricas de la lucha, el empeño y los planes diversos para obtener esa paz anhelada.  

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