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Debacle realista en Margarita (1817)

Ángel R. Lombardi Boscán / Director del Centro de Estudios Históricos de LUZ / @lombardiboscan
La expedición de 2.600 soldados al mando de Canterac proveniente de España y con destino al Perú fue retenida por Morillo, que sabedor de la disminución de sus fuerzas europeas, ordenó a este jefe contribuir a la reconquista de Margarita

Don Pablo Morillo, “El Pacificador”, ya se había enterado antes de arribar al oriente del país de las atrocidades llevadas a cabo por el jefe realista y expedicionario Aldama, quien en Barcelona y Cumaná arrasó literalmente con “sangre y fuego” a todos los enemigos del Rey.  La expedición de 2.600 soldados al mando de Canterac proveniente de España y con destino al Perú fue retenida por Morillo, que sabedor de la disminución de sus fuerzas europeas, ordenó a este jefe contribuir a la reconquista de Margarita. 

Una vez más Morillo subestimó a las fuerzas rebeldes que tenía que enfrentar y siguió creyendo que el profesionalismo de los expedicionarios españoles era suficiente para acabar de una vez por todas con la terquedad de los paisanos margariteños en armas.  

“Los rebeldes habitantes de la isla de Margarita, después de haber perdido los pueblos de Porlamar, Pampatar, Paraguachí y Juan Griego, en las reñidas acciones que habíamos tenido los días anteriores, se hallaban reducidos a sus fortalezas de la ciudad de Asunción y del Norte, donde no era posible penetrar sino a costa de mucho tiempo de trabajo. 

Tienen en dichos fuertes siete baterías, construidas con todas las reglas del arte, en la cima de los más empinados montes, y con las que rodean las poblaciones; siendo los llamados de la Libertad y Maturín casi inexpugnables. Con ellos protegen la ciudad y sus avenidas”.

“Todo margariteño es labrador, marinero y cazador tan fino que donde fija el ojo en puntería pone la bala, y en una de las juntas de guerra que tuvieron en Margarita cuando Morillo se acercaba, reflexionaron que cuando un enemigo caía muerto en acción, sólo quedaba uno fuera de combate, sin ocuparse nadie del cadáver, y sin hacérsele caso durante la pelea, los soldados pasaban sobre de él, hasta que concluida la acción se recogía del campo los muertos para dárseles sepultura o quemarlos o se dejaban allí abandonados.

La evacuación de la isla de Margarita se justificó por dos razones: en primer lugar el desgaste inusitado de los cuerpos europeos que en una batalla sin cuartel estaban siendo diezmados lentamente; en segundo lugar, las noticias que Morillo empezó a recibir sobre lo que estaba sucediendo en el continente le alarmaron. Sus espías le habían informado que Bolívar desde Angostura se disponía a marchar a reunirse con las fuerzas de Páez y de esta manera lanzar una ofensiva desde el sur en dirección a la capital en el centro del país.

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