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Nueva arquitectura internacional de la diplomacia de Trump

Milos Alcalay / Exembajador de Venezuela en la ONU / milosalcalay@yahoo.com
El mandatario americano marcó el camino de un “llanero solitario” al esbozar una nueva definición internacional y enfrentarse a las posiciones del G7 en su reunión de Canadá, al proponer que se le abran las puertas a Rusia

Desde el momento de su llegada al poder, Donald Trump marcó posiciones divergentes con la política exterior tradicional dándole un giro fundamental en la definición, en el estilo, en los compromisos y en la acción de la diplomacia norteamericana.

Las definiciones heterodoxas promocionadas con el uso del twitter y otros mecanismos no convencionales se multiplicaron, ocasionando críticas mundiales y nacionales ante los cambios anunciados, pero también evidenciando la entrada en escena de defensores de su actitud, como es el caso del legendario Henry Kissinger, quien a pesar de sus 94 años de edad vuelve a la palestra de manera lúcida para respaldar las posiciones firmes asumidas por el Presidente Trump y destacar las diferencias con las actitudes pasivas de Obama y de sus predecesores, a quienes responsabiliza por no haber asumido líneas firmes ante gobiernos totalitarios permitiendo de esa manera que se multiplicaran amenazas retóricas desproporcionadas de países que permanentemente insultan a los Estados Unidos.

Kissinger afirma que “el débil se hace cada vez más fuerte por descaro, mientras que el fuerte se hace cada vez más débil por inhibición” y para ello da como ejemplo que ante las amenazas proferidas por Kim Jung Un, de activar las armas nucleares contra sus enemigos del Occidente, la respuesta contundente del inquilino de la Casa Blanca de rechazar el bluf o la fanfarronada del déspota al señalar que actuaría de manera drástica si persistía en su alocada carrera nuclear. 

Durante la misma semana del encuentro con Kim, el mandatario americano marcó el camino de un “llanero solitario” al esbozar una nueva definición internacional y enfrentarse a las posiciones del G7 en su reunión de Canadá, al proponer que se le abran las puertas a Rusia (propuesta que fue negada por unos mandatarios del viejo mundo descontentos con la inesperada propuesta) o con las medidas proteccionistas que parecieran una posición al estilo de un Brexit norteamericano. Pero sí actuó a nivel multilateral con el firme respaldo al Grupo de Lima durante la Asamblea General de la OEA, que marca una opción hemisférica de rechazo a las violaciones de derechos humanos en Venezuela y en Nicaragua. 

Pareciera dibujarse así una nueva definición de la arquitectura Trans-Atlántica para definir reglas con sus antiguos aliados, una agresiva relación Trans-Pacífica en la que propone reglas a sus antiguos contrincantes, y una clara posición hemisférica en libertad.

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