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La coalición dominante

Jorge Sánchez Meleán / Economista / sanchezmelean@hotmail.com
A todos les está afectando el hambre, la inseguridad y el desastre de la educación, la salud y los servicios públicos en general. Cada día son mayores las protestas de los funcionarios públicos. Experimentamos no solo la destrucción del Estado, sino de la sociedad y la economía

El régimen de Nicolás Maduro, cada vez más ilegítimo, tanto nacional como internacionalmente, solo es apoyado por menos del 30 por ciento de los venezolanos con derecho a votar. En consecuencia, más del 70 por ciento de los venezolanos rechaza lo que sucede en el país y pide un cambio de rumbo. 

El nivel de desespero y angustia de los venezolanos es alarmante, independientemente de que sean afectos o no al régimen. A todos les está afectando el hambre, la inseguridad y el desastre de la educación, la salud y los servicios públicos en general. Cada día son mayores las protestas de los funcionarios públicos. 

Experimentamos no solo la destrucción del Estado, sino de la sociedad y la economía. La pobreza alcanza ya al 80 por ciento de los venezolanos en una economía que ha reducido el PIB en términos reales a casi la mitad de lo que era hace un quinquenio. Y ello, en medio de una hiperinflación que el Gobierno es incapaz de enfrentar y que está convirtiendo a Venezuela en un verdadero infierno. 

La situación de Venezuela no tiene precedente en el continente. Se estima que dentro de un año, 10 millones de venezolanos estarán esparcidos por todo el mundo, es decir un tercio de la población. En consecuencia, en medio de la mayor suma de infelicidad posible que hemos padecido, corresponde a quienes lideran a más del 70 por ciento de los venezolanos, desde los partidos o desde organizaciones de la sociedad civil, hacer posible el rompimiento de la coalición dominante, evidentemente minoritaria. 

Ya basta de seguir dando oxígeno a un régimen que agoniza. El diálogo que hoy se requiere con prioridad, no es con el régimen, sino entre el liderazgo opositor a él y de éste con el resto de las organizaciones de la sociedad civil, sean afectas o no al régimen. No es posible aceptar pasivamente que un régimen minoritario pero autoritario, atemorice al pueblo permanentemente para que no ejerza sus derechos. Es el régimen el que debe temer a un pueblo que mayoritariamente ya no soporta la crisis que lo agobia. Solo entonces, cuando los venezolanos bien liderizados y unidos, tomen nuevamente las calles, como lo  permite la Constitución, será posible la  fractura  de  la minoritaria coalición dominante que nos oprime, y se abrirán las puertas a la transición negociada hacia la democracia que hemos perdido. Y ello debemos hacerlo lo antes posible, porque ya el pueblo no aguanta más esta aniquilación “revolucionaria” que experimenta.     

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