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La miseria

Neuro J. Villalobos Rincón / Exrector de LUZ / nevillarin@gmail.com
Los valores de la solidaridad y la caridad son imposibles de cumplir hasta con familiares cercanos. La gente se muere de hambre y es alarmante el fenómeno psicológico que se nota con mayor énfasis en los adultos mayores 

El ser humano lleva consigo un germen de estupidez que aflora con mayor o menor resplandor en cada uno, de manera ineludible”. Alfredo Brice-Echenique

Es inhumana, cruel, y despiadada la situación del pueblo venezolano. Tiene que ser indignante, además de vergonzoso ante la vista del mundo, el cuadro dantesco que padece la nación. Sólo quienes se benefician con el poder pueden aguantar con complicidad el drama que sufrimos los venezolanos cuyas escenas parecen captadas de la obra inmortal de Víctor Hugo, Los Miserables, o que describe claramente Fiodor Dostoievski en su novela Crimen y Castigo, cuando expresa que en la pobreza el hombre puede todavía mantener sus valores intactos, pero, que en la miseria no ha habido ni habrá quien los mantenga.

Los venezolanos con sensibilidad social, nos topamos a diario con la cruda realidad de que no hay ingreso que alcance para adquirir los bienes necesarios para subsistir. Se ha instalado entre nosotros la célebre exclamación del “sálvese quien pueda”. Los valores de la solidaridad y la caridad son imposibles de cumplir hasta con familiares cercanos.

La gente se muere de hambre y es alarmante el fenómeno psicológico que se nota con mayor énfasis en los adultos mayores, que manifiestan abiertamente sus deseos de morir ante la carga que suponen para su familia. La situación conmueve, taladra el alma, y duele sin alivio, esperando que la dirigencia política de la oposición deponga su engreimiento indolente o esconda sus culpas, y propicie un entendimiento unitario que hasta Dios clama.

En estos días en los que el Papa luce confundido entre la sabiduría cristiana y la brutalidad comunista y nos sorprende con actitudes contradictorias entre unos y otros, el padre Luis Ugalde, con claridad pastoral, como guía espiritual que es, y como venezolano que sufre las penas que todos sufrimos, propone un conjunto de acciones tendientes a cambiar este régimen.

Su artículo “La enfermedad, el remedio y la ruta”, es una síntesis magistral de acciones tácticas y estratégicas de carácter político. Tenemos que sacudir la conciencia de un pueblo que ha asumido la servidumbre inconsciente ante la opulencia de un Estado forajido. Es urgente sacudirnos el sadismo y el masoquismo moral que nos paraliza y asumir perentoriamente el liderazgo que permita acabar con la entropía y el caos, para devolver la esperanza y vencer la miseria que aterra. Hagamos que llegue el día en que el hombre vuelva a sentir de nuevo orgullo de sí mismo, como dice Paulo Coelho.

 

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