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La transición negociada

Jorge Sánchez Meleán / Economista / sanchezmelean@hotmail.com
La crisis política, económica, social y moral de Venezuela se agrava cada día. Al régimen se le agotó el discurso y las soluciones. Llegó la hora de poner en marcha una transición negociada, fracturando la coalición dominante

La transición hacia la democracia en Venezuela no comenzará, hasta tanto una oposición unida no se proponga poner en marcha una transición negociada. Así ha ocurrido en la mayoría de los casos de transición de una autocracia a una democracia en el mundo. 

Es iluso creer que la salida más rápida sea una liberación externa, mediante una intervención militar o una transición por colapso, mediante una insurrección armada interna. La verdadera oposición venezolana, esa que no se presta a los fraudes electorales o a las farsas de diálogo, debe más temprano que tarde acordar una estrategia unitaria para fracturar lo que los especialistas denominan la coalición dominante. 

Afortunadamente, el entorno internacional cada vez favorece más esta fractura. Después de la última reunión de la OEA, el régimen de Maduro ha quedado solo, en su propósito de adueñarse ilegítima y constitucionalmente del poder. Treinta países de América Latina, directa o indirectamente desconocen el proceso electoral del 20 de mayo de 2018. 

Están  planteando nuevas elecciones en condiciones totalmente diferentes. Ecuador ha asomado la idea de hacer un referéndum en Venezuela, con árbitro objetivo y veedores internacionales, para que los venezolanos expresen si desean o no un nuevo proceso electoral. Pero si el entorno internacional es favorable, para una fractura de la coalición dominante, también lo es el entorno nacional del régimen. La crisis política, económica, social y moral de Venezuela se agrava cada día. 

Al régimen se le agotó el discurso y las soluciones. Nada le funciona. La economía decrece por quinto año consecutivo. La pobreza ya superó al 80 por ciento de la población. La hiperinflación nos devora sin posibilidad de acceso a los bienes más elementales. La educación y la salud están paralizadas y en proceso de extinción. Los servicios públicos están en su peor momento, mientras la inseguridad diezma a los venezolanos. 

Cada día más personas abandonan el país. De allí, que mientras el país experimenta la mayor suma de infelicidad posible, que a todos afecta, más allá de sus posiciones políticas, es evidente la debilidad creciente de la coalición dominante. Esta, en el mejor de los casos, no alcanza al 30 por ciento de los venezolanos con derecho a votar. En consecuencia, llegó la hora de poner en marcha una transición negociada, fracturando la coalición dominante. Ese es el gran reto de la unidad democrática venezolana.

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