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La otra América Latina

Diego Lombardi / Economista / diego.lombardi.boscan@gmail.com / @lombardidiego
El péndulo entre izquierda y derecha sigue gravitando en el continente, desde Argentina hasta México los dos polos siguen dividiendo a una población que clama bienestar con equidad, que pide eficiencia sin corrupción

¿Pudo ser distinta América Latina? Hay quienes, inconformes, buscan hallar una explicación al ir y venir de los países latinoamericanos entre corrientes ideológicas contrapuestas. El péndulo entre izquierda y derecha sigue gravitando en el continente, desde Argentina hasta México los dos polos siguen dividiendo a una población que clama bienestar con equidad, que pide eficiencia sin corrupción, que proclama el respeto a la individualidad sin menoscabo del beneficio colectivo. 

Ante la ausencia de resultados en esta línea se apela a la idealización de sociedades lejanas, no sólo geográficamente sino culturalmente. “Deberíamos ser como los países nórdicos”, “El modelo japonés es un ejemplo”, y así otras tantas afirmaciones que sin proponérselo trastocan cualquier posibilidad de progreso para los países latinoamericanos pues les imponen condiciones ajenas a su realidad. 

Todas esas “realidades posibles” son abstracciones, construcciones mentales basadas en modelos idealizados. Para ello se toman contextos específicos y se les aborda de manera parcial, sin comprender sus propias contradicciones, y más importante aún, las circunstancias específicas en las que pueden funcionar. Por ejemplo, ¿qué tienen en común los llamados países nórdicos? Además de su clima y ubicación geográfica, sus poblaciones no superan los 10 MM de habitantes en cada país, de hecho el promedio es de 5 MM aproximadamente. Dadas las escalas de la población mundial hoy se pudiera decir con bastante certeza que se trata de los más parecido a unas ciudades – estado modernas.

La explicación anterior es insuficiente para justificar el progreso, tal como lo es cualquier simplificación en dicha materia. Sin embargo, delinea un rasgo que pudiera ser clave para el modelo que han adoptado los países nórdicos, el cual pudiera catalogarse de un tipo de socialismo. 

Estas disparidades de resultados invitan a caer en la tentación de los absolutismos como pueden ser los “factores culturales” e incluso los más atrevidos que apelan a “la raza” como un elemento diferenciador. Nada de esto ha sido probado, y de hecho son poco aceptadas dichas explicaciones, en tanto que por el contrario existe un mayor consenso sobre la importancia de las instituciones en el desarrollo económico. 

Por instituciones en términos simples se puede entender como las “reglas del juego”, formales o no. ¿Cómo es la actitud del latinoamericano hacia el respeto a las reglas del juego? Quizás esta sea una buena pregunta para comenzar a entender mejor las particularidades de la región.

 

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