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Burros al poder

Noel Álvarez / Coordinador Nacional de IPP-Gente / Noelalvarez10@gmail.com / @alvareznv
Las grandes figuras son casi siempre malas personas, incluso las que no tienen autoridad sino influencia, especialmente si considera usted la tendencia corruptora del poder y su efecto de hecho

Erase una vez un rey que quería salir a caminar al campo. Llamó al hombre encargado del tiempo en la corte y le preguntó cuál era la previsión de lluvia para las próximas horas. El hombre del tiempo le aseguró que no había posibilidad de que lloviera en los próximos días. Ante estos pronósticos el rey decidió irse con la reina de pesca.

En el camino se encontró con un agricultor que venía montado en su burro. El campesino le dijo al rey: ¡Su Majestad! Debería regresar al palacio porque se espera una gran tormenta en esta zona. El rey le respondió en forma educada: el pronosticador del reino me garantizó todo lo contrario. Gracias por su información, cuando pueda pase por la oficina de catastro rural para que se anote en una de las misiones agrícolas. 

Al poco tiempo se desató un torrencial aguacero.  El rey y la reina quedaron empapados. Furioso, el rey volvió al Palacio y dio orden de ejecutar al hombre del tiempo. Luego mandó a llamar al agricultor y le ofreció el cargo. El granjero le dijo: Majestad, yo no sé como adivinar el tiempo esa información me la da mi burro. Yo solo lo observo y si veo que tiene las orejas caídas, eso significa que con certeza caerá un palo de agua. El rey contrató al burro de manera inmediata como predictor del tiempo. Así comenzó la antigua y ya clásica costumbre de contratar burros para formar los gobiernos y las posiciones más altas e influyentes.

“El poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente. Las grandes figuras son casi siempre malas personas, incluso las que no tienen autoridad sino influencia, especialmente si considera usted la tendencia corruptora del poder y su efecto de hecho. A principios del siglo VI antes de Cristo, Solón estableció el derecho de cualquier ciudadano a exigir una auditoría política y pecuniaria de las autoridades: “algo muy útil para ayudar a los conciudadanos en el poder a conservar el sentido de la realidad”. 

En el siglo XVIII, Montesquieu y Kant propusieron otros dos principios útiles: la división de poderes y la transparencia del Estado, que fueron reforzados con la crítica de Voltaire, la Enciclopedia, la literatura panfletaria y la prensa. Todos estos principios manifiestan lo mismo con un mensaje claro y contundente a los reyes y jefes de Estado: “No te aloques, no eres Dios. Te respetamos como persona y respetamos tu investidura, pero te vamos a ayudar a que no te creas lo que no eres”. 

 

 

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