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A costa del hambre y la muerte del país

Crisanto Gregorio León / Abogado- Escritor crissantogleon@gmail.com
El  venezolano está destruyendo al venezolano y se ha convertido en su peor enemigo. ¿Qué cosa tan dañina nos ha teñido el espíritu? No hay la colaboración mutua para salir a flote como país, pues cada quien quiere desde su barrera estafar al otro, obtener el mayor lucro grosero posible

A costa del hambre y la muerte del país, unos en perjuicio de todos, amasan grandes y groseras ganancias que los deshumanizan y mutilan la vida del que vive en esta tierra. Nos estamos destruyendo.

Entre todos quieren arrancarle la tajada más gruesa posible al otro. Nos estamos convirtiendo en una suerte de salvajes caníbales, en donde cada miembro de la tribu se pelea por el mayor trozo de carne del hombre que está en las llamas. Todos quieren quedarse con el más grande y grueso tolete posible, sin importarle descuartizar al otro.  Se banaliza la honestidad y se premia la maldita viveza criolla, que ahora es peor. Se vive en una perenne zozobra  de toda índole, donde el día a día se gesta en una especie de jungla entre hienas, tigres y leones, en fin los más grandes depredadores sobre la tierra, todos quieren destrozar al cervatillo, todos arrancan el mayor pedazo  del otro. 

Lo espiritual está cediendo ante lo animal, pues para quienes opinan que el hombre es un animal, no olviden que es capaz de crear cultura y civilización y los venezolanos nos estamos comiendo unos a otros, nadie quiere ceder, no hay recíprocas concesiones, todo el mundo quiere el mayor pedazo de lo que haya que arrancar. Se está perdiendo la venezolanidad, se está yendo por un despeñadero el espíritu que siempre ha caracterizado al nacido aquí. El  venezolano está destruyendo al venezolano y se ha convertido en su peor enemigo. 

¿Qué cosa tan dañina nos ha teñido el espíritu? No hay la colaboración mutua para salir a flote como país, pues cada quien quiere desde su barrera estafar al otro, obtener el mayor lucro grosero posible. Nadie quiere “perder” y en ese afán de querer arrebatarlo todo,  estamos perdiendo a Venezuela.

Como nación debemos cada cual, cada quien, como un alma colectiva, retomar los valores que nos legaron nuestros abuelos.  Porque se han perdido los valores. Son los desvalores los que nos está destruyendo. Pareciera que prefieren una Venezuela atávica, que una Venezuela enrumbada y a la par de los países de pujante cultura civilizatoria, en la que sus ciudadanos son garantes de la moral y las buenas costumbres, del esplendor de su sociedad. Venezuela está dejando de ser Venezuela para convertirse en un país extraño, raro, con una siniestralidad escandalizaste. 

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