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La desintegración del Estado venezolano

Jorge Sánchez Meleán / Economista / sanchezmelean@hotmail.com
Nuestra población de 30 millones de habitantes ha iniciado un proceso de diáspora sin precedentes, ante la crisis global que nos agobia. Más de cuatro millones de compatriotas han traspasado nuestras fronteras

Estado democrático según Héller, es la unidad de orden más altamente organizada, cuyos tres elementos, -nación (población), territorio y poder estatal- están unidos en la Constitución de él. Es una parte del cuerpo político que debe mantener la ley, promover la prosperidad común y el orden público y administrar eficientemente los asuntos de interés colectivo. 

Como bien lo expresa H. Bars, “No es un hombre o un grupo de hombres; es un conjunto de instituciones que se combinan para formar una máquina reguladora que ocupe la cumbre de la sociedad”. Mientras los elementos de un Estado democrático permanezcan y este cumpla con sus fines, existirá. De lo contrario, comenzará su destrucción, su desintegración paulatina. 

Los elementos constitutivos del Estado venezolano están en crisis. Nuestra población de 30 millones de habitantes ha iniciado un proceso de diáspora sin precedentes, ante la crisis global que nos agobia. Más de cuatro millones de compatriotas han traspasado nuestras fronteras. Somos ya un problema internacional grave. 

Estamos comenzando a vivir el proceso de destrucción del pueblo y la nación venezolana. El elemento  poder, que debería regular en base a la legalidad y la legitimidad el orden jurídico, político y social, está actuando al margen de la Constitución. Estamos aboliendo la soberanía popular y la independencia de las ramas del poder público. 

Somos un Estado forajido que viola los principios fundamentales del poder establecidos en la Constitución. Y en cuanto al elemento territorio, estamos a punto de perder 160 mil kilómetros cuadrados, por la torpeza con la que este régimen ha manejado desde 2007, la vieja controversia  limítrofe con la Guyana Esequiba. Este Estado, con sus elementos en crisis, ni mantiene el imperio de la ley, ni la prosperidad común y el orden público, ni administra con eficiencia los asuntos de interés colectivo. 

Antes que un conjunto eficiente y serio de Instituciones, el Estado venezolano es simplemente un grupo de hombres ineficientes y corruptos que no creen en la democracia, ni en la participación, ni en los gobiernos electivos y alternativos y mucho menos en el pluralismo político, la ética y los derechos humanos. Estamos pues experimentando la desintegración y destrucción del Estado democrático nacido en 1811. Por ello, todos estamos obligados a hacer realidad los artículos 333 y 350 de la Constitución, antes que prestarnos como tontos útiles, a los propósitos del dictador que está destruyendo a ese Estado patrimonio de los venezolanos.    

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