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Comunismo: Una monstruosa ideología (II)

Kaled Yorde / Abogado / gonzalezyorde@hotmail.com
Si los amables lectores piensan que esto es una exageración, fíjense nomás en lo que ha estado ocurriendo en la Cuba castrista y hoy en la Venezuela chavo-madurista. La dictadura del proletariado no es otra cosa que una mentira represiva continuada 

En la pasada entrega nos referíamos al Manifiesto Comunista llamando a todos los trabajadores del mundo a unirse para confrontar a la oligarquía, utilizando incluso la lucha armada para derrocar a la burguesía internacional y crear la República Internacional Soviética como una etapa de transición hacia la abolición completa del Estado. 

En esta entrega salta a la vista tras la simple lectura del Manifiesto Comunista, sus grandes contradicciones y necia hipocresía que les caracteriza: 1) Dicen ser demócratas populares, sin embargo incitan a la dictadura, la del proletariado; 2) Desconocen que es imposible la igualdad social del hombre debido a tan divergentes condiciones genéticas, culturales, raciales y educativas entre la gente; 3) Pregonan que el mundo entero ha de estar sometido a los designios absolutistas del poder soviético como la forma históricamente dada de esa dictadura del proletariado y 4) Venden la idea de que el sistema comunista le trae a la humanidad paz y felicidad, cuando su metodología política por excelencia es el uso desmedido de la fuerza que quiebra voluntades a través del terror, la confiscación de los bienes, encarcelamientos, hambrunas, campos de concentración (Gulag) con trabajos forzados, la violación sistemática de los derechos humanos, la denigración de la condición de prisioneros, entre muchas otras calamidades y atropellos.

Stalin sólo -el monstruo mayor del comunismo soviético- se cargó entre 15 a 20 millones de disidentes rusos y campesinos por medio de hambrunas sistemáticas, fusilamientos, muerte por insuficiente alimentación en el Gulag, confiscaciones de la propiedad privada, quema de cultivos en su proyecto de colectivización de los bienes y de tierras campesinas. 

Su colega chino Mao Tse Dong, por su parte, se le atribuye la muerte por hambruna y represiones de otros 30 millones de chinos víctimas de la colectivización de la propiedad y del llamado Salto Adelante Cultural. Lenin, en Rusia, no se quedó atrás, correspondiéndole una matanza entre 1921 a 1922 de 5 millones de víctimas hambreadas como método para doblegar la voluntad popular y a la Iglesia Ortodoxa.  La dictadura del proletariado no es otra cosa que una mentira represiva continuada. Si los amables lectores piensan que esto es una exageración, fíjense nomás en lo que ha estado ocurriendo en la Cuba castrista y hoy en la Venezuela chavo-madurista.

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