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El exterminio de una tribu

Crisanto Gregorio León / Abogado- escritor / crissantogleon@gmail.com
Los indios estaban cayendo en un desgaste inhumano, el condicionamiento de demora los hace más reptiles en respuesta de su cerebro triuno. La conciencia de grupo los hace menos proclives al antagonismo ante la ruptura de sus esquemas de valores

El asunto era exterminar la tribu, someterla a un condicionamiento capaz de vulnerar y quebrar su dignidad, dejarla sin orgullo y doblegarla a tal punto que perdiera su identidad como pueblo. Para que abandonara aquellas planicies en cuyas riquezas estaban interesados los Caciques y entre menos poblada estuviera la aldea, menos dolientes tendría y mayores calamidades con saña depravada se vertería sobre quienes aún eran escépticos. 

Los maleficios, conjuros y traiciones estaban a la orden del día. Se había entronizado una manera perversa de liderar y los efectos eran tangibles; ya los condicionamientos excitatorios mostraban sus resultados, la noche se había tragado al día, sin el alumbramiento del sol la confusión reinaba y los relojes biológicos se alteraban. Los indios estaban cayendo en un desgaste inhumano, el condicionamiento de demora los hace más reptiles en respuesta de su cerebro triuno. 

En el condicionamiento de huella, se altera la conciencia al punto de buscar solo los rastros de las migajas, para que en el intervalo de huella todo parezca normal y los indios tomen la alteración de su vida cotidiana como algo común de lo que nada hay que rechazar. De allí al condicionamiento simultáneo en donde la conciencia de grupo hace a los indios menos proclives al antagonismo ante la ruptura de sus esquemas de valores. Habíase logrado la forma de control a través del condicionamiento clásico.

Es tal la maldad de la bruja de esa tribu, que cerró toda posibilidad de concienciar la metamorfosis que se genera en la conciencia colectiva, que mediante condicionamientos de recompensa y estímulos de escape enmascara la realidad de la tribu y todo sucede y fluye como si nada estuviera destruyendo las costumbres tribales y su cosmogonía. Todo era operante. Las actividades intrínsecamente gratificadoras son mera ilusión y si se dan son semillas de exterminio que alteran la conciencia y niegan lo absurdo de la destrucción.

Las respuestas están en fase de adquisición o generalización, donde el comportamiento tribal obedece a reforzamientos continuos e intermitentes que derivan en la perdida de la idiosincrásica de   la tribu.  Ahora la tribu semeja una horda de zombis que obedecen inconscientemente al troyano que se les sembró en sus cerebros sabiendo incluso la presencia del huésped y disimulando su presunta acción inocua. Ante unos ojos ciegos y ante unos oídos sordos. 

 

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