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El rojo rojito

Ángel R. Lombardi Boscán/Director del Centro de Estudios Históricos de LUZ / @lombardiboscan
  El 4 de febrero los golpistas llevaban una boina roja. Y desde entonces el rojo representa una reminiscencia de un proyecto progresista o izquierdista con naturales conexiones con el comunismo histórico

¿Cuáles son los colores de la venezolanidad en los últimos 20 años? El amarillo, azul y rojo de la bandera con sus ocho estrellas; el verde oliva militar, algo un tanto disimulado aunque omnipresente, y el “rojo rojito”, que prácticamente lo abarca todo empezando por todos los ministerios e instituciones cuyas fachadas están pintadas de rojo. Nuestra simbología nacional nace y termina con Simón Bolívar. Ni el petróleo, ni las misses ni las bellezas naturales son competencia para el caraqueño, líder indiscutido de la independencia nacional. Todo aspirante a gobernante en Venezuela se ha arropado con el culto bolivariano.

Quiero describir cómo desde el chavismo se ha hecho una labor coherente y sostenida por mantener viva la simbología de lo nacional con fines propagandísticos y de control social. Todo esto alrededor del rojo y como trasfondo las menciones cotidianas a Simón Bolívar y las referencias a una grandeza de la patria, aunque todo quede en los enunciados. 

Cambio del nombre del país: El 12 de noviembre de 1999 la ANC aprobó el nombre de República Bolivariana de Venezuela. En el año 2006 se cambia el Escudo nacional, la Bandera y el nombre de las FAN a FANB a petición de Chávez. En el 2008, empieza a circular una nueva moneda: el “bolívar fuerte”. A petición también del presidente Chávez se elaboró el “verdadero retrato del Libertador” digitalizado en el año 2012. 

¿Qué significa el color rojo? El 4 de febrero los golpistas llevaban una boina roja. Y desde entonces el rojo representa una reminiscencia de un proyecto progresista o izquierdista con naturales conexiones con el comunismo histórico. El proyecto de los golpistas nunca fue democrático, aunque utilizaron la desmoralización y el desencanto de toda una sociedad respecto a la democracia que se inició en 1958 para erosionarla desde adentro utilizando la vía electoral. 

El programa mínimo era: el nacionalismo bolivariano, la lucha contra la corrupción y el protagonismo popular. El programa máximo es: el mantenimiento del poder sin reparar en las instituciones democráticas preexistentes o en la existencia de perseguidos políticos junto a la represión. 

Mi percepción del proceso bolivariano es muy diferente a lo que dicen sus publicistas. En realidad es un proyecto antidemocrático, militarista, hegemónico, populista y profundamente reaccionario. Hoy el pueblo de Venezuela es más pobre y miserable, además de menos libre, que en el año 1998 cuando todo esto se inició. No les habla el historiador, sino el ciudadano.

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