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Educar a los hijos en el siglo XXI

osé María Jiménez Ruiz / Terapeuta familiar
  Los padres deben asumir el protagonismo de la educación de los hijos en un momento en que otros muchos agentes van a ejercer una indiscutible influencia. Hay que educar en el respeto y amor a la naturaleza, como propone el papa Francisco en su última Encíclica. No son pocos los retos a los que se enfrenta la familia actual

La educación de los hijos debe ser una tarea compartida por ambos progenitores. En este terreno ya no parece que se puedan aceptar delegaciones. Este principio se hace especialmente necesario en los casos, cada vez más frecuentes, de separaciones o divorcios. Cuando una pareja se separa lo que se disuelve es la sociedad conyugal. Sin embargo, esa ruptura no exime del cumplimiento de los deberes con los hijos, de los que ambos progenitores son corresponsables.

El bienestar de los menores constituye una prioridad. Por otro lado, los padres deben asumir el protagonismo de la educación de los hijos en un momento en que otros muchos agentes van a ejercer una indiscutible influencia. Si la instrucción de los menores es delegada en las instituciones educativas, su formación en valores y en grandes principios morales que les ayuden a orientarse en la vida es competencia de unos padres comprometidos, que no se permiten sucumbir ante el cansancio, la impotencia o la creencia de que nada se puede hacer frente a la influencia que ejerce la calle o los medios de comunicación.

El sentido común es muy importante, pero quizás no sea suficiente. Hay que asumir el compromiso de formarse como padres y madres. Los estudios sobre la psicología infantil ponen a nuestro alcance el conocimiento de cómo funciona el psiquismo infantil y aporta pautas sensatas de cómo favorecer su sano desarrollo.

Ignorar determinadas indicaciones educativas a las que cualquiera puede tener acceso, no dejaría de ser una incomprensible irresponsabilidad. A las drogas y al alcohol que eran hasta hace algunos años los senderos por los que muchos jóvenes acababan perdiéndose, se añade ahora la dependencia creciente frente a móviles o  redes sociales. Se trata de convertir el hogar, con independencia de la estructura que éste pueda tener, en una verdadera escuela de vida. Ese es el gran desafío y la gran oportunidad. 

Hacer de nuestras casas un espacio en el que los niños sean educados en el aprecio a la vida de todos los seres humanos. Alejándose, como insiste el Papa Francisco, de la política de los “descartes. Hay que educar en el respeto y amor a la naturaleza, como propone el Pontífice en su última Encíclica. No son pocos los retos a los que se enfrenta la familia actual. Si atina en su respuesta, será la sociedad en su conjunto quien recogerá los más saludables beneficios.

 

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