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¿Por qué existen los pobres?

Ernesto García Mac-Gregor / Médico / garciamacgregor@gmail.com
  Hoy en día aún el 80 % de la población mundial sufre de pobreza, pero no porque hayan sido explotados por el 20 % que logró pasar a la clase media, sino porque aún no han logrado sacarse el rancho de la cabeza

Durante muchos siglos la humanidad se debatió entre largos y fatídicos ciclos consistentes en hambrunas, pestes, guerras y muertes, intercalados con breves momentos de relativo bienestar. Hasta hace 250 años todas las naciones eran pobres y solo un infinitesimal  porcentaje de nobles tenía fortunas que les servía de poco en caso de enfermedad. La vida era totalmente miserable.

Todo cambió a favor, con la aparición del capitalismo que trajo las riquezas, el progreso en las ciencias y el control de enfermedades. Hoy en día aún el 80 % de la población mundial sufre de pobreza, pero no porque hayan sido explotados por el 20 % que logró pasar a la clase media, sino porque aún no han logrado sacarse el rancho de la cabeza. 

Las naciones que progresaron lo hicieron debido al esfuerzo, dedicación y sacrificio y a muchas circunstancias que las favorecieron. Venezuela por ejemplo, sin  necesidad de quemarse las pestañas o doblarse mucho el lomo, recorrió en medio siglo las etapas que otros países habían recorrido en cien años. Pasó de un país miserable, rural e ignorante a una nación próspera y lo hizo debido al regalo fortuito del petróleo. Y sin embargo, se le echa la culpa de nuestras desgracias al “excremento del diablo”, cuando en realidad la culpa la tiene la incapacidad innata de nuestros políticos.

Y para colmo nos ha caído la plaga de unos retardatarios, acomplejados y resentidos comunistas (perdonando la redundancia) que no entienden que la ranchofilia implica más pobreza espiritual que material. Estos bandidos han arruinado la patria adrede y han transformado al obrero que luchaba por conseguir mejoras, en el pobre que extiende la mano en pos de una limosna oficial.

Así van los socialistas, canturreando alabanzas a la miseria y a las casas de cartón, prolongando la agonía del abandono con las misiones de miseria en vez de explicarle que son víctimas de su propio conformismo y dejadez. Lo que se busca es la construcción de una sociedad de parásitos ideológicos y clientelares, sin más futuro que la de la dádiva de la misión y la afiliación a un partido único. El problema con estos vendepatrias es que la pobreza de lo material pronto se cura, pero la del alma imposible. Miserables, no tienen perdón de Dios. Que oiga quien tiene oídos…

  

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