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¿Un nuevo plan socialista? (II)

Jorge Sánchez Meleán/Economista / sanchezmelean@hotmail.com
  Estamos experimentando un proceso paulatino de estancamiento profundo con hiperinflación. La economía ha disminuido su tamaño en un 35 por ciento. Cada vez dependemos más del exterior. Somos cada vez más dependientes y vulnerables

El segundo plan socialista (2013-2019) conocido como el “Plan de la Patria”, profundiza al primero, también al margen de la Constitución de 1999. Como lo expresó Chávez “es un programa de transición al socialismo y de radicalización de la democracia participativa y protagónica”.

Se propuso “pulverizar completamente la forma de Estado burgués que heredamos”. Igualmente, acelera el cambio del sistema económico, a través de un estatismo exagerado (totalitarismo) debilitando la sociedad civil y a la iniciativa privada. Con este plan se acabó con la economía de mercado, con la pretensión fallida de instaurar un Estado comunal y una economía de propiedad social. 

Y todo ello sin separación de poderes ni Estado de derecho. Gracias a esto, en los últimos siete años, el país y su economía se han venido abajo. Estamos experimentando un proceso paulatino de estancamiento profundo con hiperinflación. La economía ha disminuido su tamaño en un 35 por ciento. Cada vez dependemos más del exterior. Somos cada vez más dependientes y vulnerables. 

El neorentismo socialista petrolero está en agonía. Y con una renta petrolera estancada, el socialismo del siglo XXI en Venezuela no tiene ningún futuro. Por ello, si este régimen tuviera la sensatez de rectificar sus errores, debería volver la mirada a la orientación que tuvo entre 1999 y 2007. 

Venezuela no saldrá de esta catástrofe económico-social, hasta tanto no promovamos con eficiencia un sistema económico mixto, diversificado, competitivo, abierto a los mercados internacionales, donde el Estado actúe en conjunto con la iniciativa privada, sin dogmas ideológicos, como lo establece la Constitución en el artículo 299. 

En consecuencia, Venezuela debe cambiar radicalmente el rumbo seguido por la economía desde el año 2007. Debemos abandonar el  modelo económico centrado en el Estado e impregnado de la obsolescencia del marxismo-leninismo, para sustituirlo por un modelo de economía mixta y social de mercado. Esto implica justicia social verdadera, democracia, eficiencia, libre competencia, productividad y solidaridad. 

Atrás debe quedar la planificación centralizada, ineficiente y sectaria. Debemos ir hacia un equilibrio entre el Estado y el mercado, con plena vigencia de los derechos económicos. En suma, el país requiere superar lo antes posible al denominado socialismo del siglo XXI y a la orientación equivocada del Plan de la Patria. 

Esta orientación fracasada impuesta por Chávez, no puede ser concebida con un nuevo Corán que nos dejó el “Profeta de Sabaneta”. El nuevo Plan de Desarrollo (2019-2025) debe hacer realidad al Estado democrático y social de derecho y de justicia, al Estado Federal Descentralizado y a una economía mixta y social de mercado. Y todo ello dista mucho de una equivocada y obsoleta “transición al socialismo” en pleno siglo XXI. 

 

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