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La gobernabilidad del hambre y la bonificación de la miseria

Armando J. Urdaneta Montiel / Economista / ajum69@gmail.com
  El que crea que esta catástrofe que estamos viviendo le preocupa al régimen totalitario que ocupa a Venezuela, está muy equivocado. Todo ha sido parte de un proyecto de corte totalitario procomunista con su nueva oligarquía incluida

Una vez consumada la ruina del sistema capitalista producto de la destrucción de la riqueza de una sociedad, porque como lo dijera en su momento muy acertadamente la exprimer ministro británica Margaret Thatcher: “El socialismo fracasa cuando se acaba el dinero de los demás” y como lo dijera también Gerardo Barbera en su libro Reflexiones elementales en torno a la ética, la ética marxista es cruda y fatal; todo aquello que favorezca la destrucción del sistema capitalista es “revolucionario” y en consecuencia, desde lo moral, es bueno; porque solo es posible construir el Estado socialista sobre las ruinas del capitalismo, para el advenimiento del comunismo como última etapa de la historia.

El que crea que esta catástrofe que estamos viviendo le preocupa al régimen totalitario que ocupa a Venezuela, está muy equivocado. Todo ha sido parte de un proyecto de corte totalitario procomunista con su nueva oligarquía incluida, que con avances y retrocesos se ha venido imponiendo, primero por la retórica disuasión cimentada en la lucha de clases y luego por la represión de las fuerzas de las armas, no sería pitoniso afirmar que el mismo se encuentra en las últimas etapas, y con ello el advenimiento del comunismo. 

Porque si algo saben hacer los comunistas es gobernar con el hambre de la gente; dilapidar y destruir lo que no son capaces de producir, si no que se lo pregunten a los cubanos en su inefable experiencia del mal llamado “período especial en tiempos de paz” de 1989-1993; por cierto exaltando mucho la palabra “paz” como ha estado muy de moda en el lenguaje y discurso político oficialista, definitivamente las casualidades no existen, más aún si se trata de hambre y miseria, generada por proyectos políticos similares.

Lo cierto es que en el período especial en Cuba el producto interno bruto se contrajo 36 %, en el mismo orden que ha ocurrido en Venezuela en los últimos tres años, provocando efectos devastadores en la población, tales como malnutrición generalizada, resurgimiento de epidemias infectocontagiosas, así como de pandemias generalizadas por falta de medicamentos y precarios servicios sanitarios entre otros; sumado al incremento en grados superlativos de los índices de mortalidad materno-infantil y adultos mayores; cualquier cosa parecida con nuestra realidad es mera coincidencia. 

No obstante, el electroshock producido por el incremento exponencial del nivel de precios en el último trimestre de 2017 e inicio de 2018, que prácticamente se ha traducido en una diáspora masiva de empleados públicos, a pesar de los continuos incrementos salariales por decreto del Ejecutivo nacional, ha llevado a la desesperada política de una mayor bonificación del salario para tratar de retenerlos e incentivarlos a laborar; lo cual sin duda alguna tendrá un desastroso desenlace hiperinflacionario aún mayor al ya existente, donde la gente está muriendo de mengua, lo cual cátalo como bonificación de la miseria por el incremento dantesco de dinero fiduciario para cubrir dicho gasto, llevándonos a un escenario de crisis socioeconómica de características insospechadas y jamás vista en nuestra historia republicana.  

 

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