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El último en salir que apague la luz

Armando J. Urdaneta Montiel / Economista / ajum69@gmail.com
  El vendaval de venezolanos que por aeropuertos, puertos, carreteras y trochas entre otros, ha salido, está saliendo y el contingente aun mayor que está por salir, estará dejando un “país” desolado como una especie de pueblo fantasma

El titular de mi artículo al parecer será una frase que se pondrá muy de moda este año 2018 para todos los venezolanos que podamos escapar de este apocalipsis revolucionario que estamos viviendo en todos los órdenes; primero, porque las posibilidades de cambio político en el país son muy pocas por no decir ninguna, debido a la ineptitud y falta de gallardía de algunos actores de la oposición democrática del país de hacerse a un lado y contribuir a impulsar la verdadera y drástica solución que se necesita para curarnos de esta lepra comunista que nos carcome como nación y  nos está extinguiendo como sociedad, condenándonos a  la desaparición como república. 

El vendaval de venezolanos que por aeropuertos, puertos, carreteras y trochas entre otros, ha salido, está saliendo y el contingente aun mayor que está por salir, estará dejando un “país” desolado como una especie de pueblo fantasma, porque la situación es prácticamente invivible, el colapso de los servicios públicos en especial el eléctrico, transporte  y el de telecomunicaciones, hace imposible el eficiente y eficaz  ejercicio económico y la ampliación de la capacidad  del cualquier actividad productiva.

A esto se suma con mayor gravedad la crisis de los combustibles que paraliza prácticamente al país, el cual según el eslogan gubernamental se hace llamar ¡potencia petrolera!, que luego de ser exportador de gasolina y otros derivados de petróleo hace 16 años atrás, resulta que ahora es importador de los mismos; con su estatal petrolera endeudada y quebrada cuya pendiente de producción es negativa, al igual que sus, niveles de liquidez, solvencia, rentabilidad  y gestión operativa; razón por la cual el flujo de divisas que manejara el país este año será mucho menor al de 2017.

Mientras que la hiperinflación, macrodevaluación y la megaescasez de alimentos y medicamentos terminarán haciendo desaparecer físicamente a miles de venezolanos, que por diversas circunstancias no podrán emigrar. Ya esto implosionó, nuestra economía estaba en terapia intensiva desde hace rato, y con la crisis en aumento y de orden estructural del acceso al efectivo en bolívares y dólares, la coloca en una especie de estado vegetativo.

La verdad que resulta alarmante es lo que ocurrirá en el primer trimestre del año 2018, cuando ya los ciudadanos no cuenten con esos ingresos extras que se generan, y solo se cuente con el miserable salario o pensión; mientras que los precios se encontrarán en su máximo umbral, producto del financiamiento monetario del déficit público del régimen. 

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