Diario La Verdad

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Ansias de libertad

Neuro J. Villalobos Rincón / Exrector de LUZ /nevillarin@gmail.com
El régimen se ensaña con su maldad, incompetencia y brutalidad; la oposición se regodea en sus propios afanes políticos, mientras la población se resiente porque las necesidades del día a día la mortifican

“Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueden cambiar el mundo. De hecho son los únicos que lo han logrado”. Margaret Mead

Particularmente pienso que resulta fastidioso y cansón, por repetitivo, escribir sobre el mismo tema: la situación del país. Aunque se presentan matices, esperanzadores unos, decepcionantes otros, es una realidad tan trágica la que vivimos y sufrimos que es necesario volver sobre ella insistentemente. El régimen se ensaña con su maldad, incompetencia y brutalidad; la oposición se regodea en sus propios afanes políticos, mientras la población se resiente porque las necesidades del día a día la mortifican, la desespera, la ahoga.

Es una situación muy propia de la novelística latinoamericana. El régimen se defiende, se justifica permanentemente ante propios y extraños que se manifiestan y critica la espantosa descomposición social y el desbarajuste económico que ha habido en Venezuela bajo la conducción de la dupla más vergonzosa en su historia republicana. La dirigencia opositora, a su vez, espera porque “aquí va a pasar algo”, mientras el tiempo transcurre inexorablemente, profundizando el desastre nación

A pesar de que los acontecimientos destructores de la moral y de la vida material vienen ocurriendo y manteniendo en sobresalto permanente e incertidumbre total al ciudadano venezolano, “aquí no pasa nada” exclama con decepción y angustia el pueblo en las calles y en sus conversaciones cotidianas.

El descaro oficial no tiene límites. Hemos pasado del Estado del disimulo, del cual nos habló Cabrujas, al Estado del descaro. El Estado es lo que yo, como caudillo o simple hombre de poder, determino que sea Estado. Ley es lo que yo determino que es ley. El problema del canalla es que no sabe que la libertad no sirve ni gusta de ser servida sino que busca contagiarse, refiere Savater, y esto es válido para unos y otros. El contagio ha tardado, pero llegará irremediablemente.

Los demócratas venezolanos tenemos pendientes las tres tareas que nos encomendara el Dr. Oscar Arias, Premio Nobel de la paz. La primera de ellas es superar el invierno de la corrupción; la segunda es sacudirse los miedos de la democracia, y la tercera, es asumir como propio el renacer de la primavera de la ética. Al cumplirlas estaremos satisfaciendo las ansias de libertad.

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