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¿Quién mandará en Argentina si ganan los Fernández?

EFE / Buenos Aires, Argentina / Diariolaverdadweb@gmail.com
El posible retorno del peronismo a la Casa Rosada abre incógnitas sobre quién ejercerá realmente el poder en Argentina: ¿Será Alberto Fernández o la mentora de su inesperada candidatura y quien lo secunda en la fórmula, la expresidenta Cristina Fernández?

El posible retorno del peronismo a la Casa Rosada abre incógnitas sobre quién ejercerá realmente el poder en Argentina: ¿será Alberto Fernández o la mentora de su inesperada candidatura y quien lo secunda en la fórmula, la expresidenta Cristina Fernández?

Y otro interrogante: ¿Cómo será la relación entre estos dos políticos de raza que hasta hace poco más de seis meses estaban enemistados?

La dos veces presidenta (2007-2015) y actual senadora ha sido la principal líder política de oposición desde que Mauricio Macri, aspirante a la reelección, asumió el Ejecutivo a finales de 2015.

La mayoría daba por descontado que Cristina buscaría volver a la Casa Rosada este año pese a haber perdido buena parte del beneplácito popular por las polémicas políticas de su gestión y los casos judiciales por presunta corrupción.

Pero la líder del kirchnerismo sorprendió en mayo pasado al anunciar que competiría por la Vicepresidencia y que ungía como candidato a Alberto Fernández, exjefe de Gabinete de su gobierno, del que se fue con serias disidencias.

La inédita situación de una candidata a vicepresidenta eligiendo quién encabeza una fórmula electoral disparó pronto la idea de que, en caso de ganar las presidenciales, será Cristina y no Alberto quien mande en Argentina, una hipótesis que el propio oficialismo ha alimentado en esta campaña.

"Si gana (Alberto) Fernández, gana Cristina y va a gobernar ella. La que tiene el poder en ese espacio es Cristina Fernández de Kirchner, no tengan ninguna duda", advirtió en un acto de campaña Miguel Ángel Pichetto, candidato a vicepresidente por el oficialismo y quien fuera el puntal del kirchnerismo en el Senado durante los Gobiernos de Néstor Kirchner (2003-2007) y Cristina Fernández.

El peronista Frente de Todos, que lidera las encuestas de cara a las presidenciales, rechaza esa aseveración, pero aclara que la viuda de Kirchner no será una mera figura institucional.

"En un gobierno, el que toma las decisiones es el presidente, pero yo no voy a prescindir de Cristina porque es muy valiosa", dijo Alberto Fernández.

En la opinión pública las aguas están divididas

De acuerdo a un sondeo de las consultoras D'Alessio IROL y Berensztein realizado a inicios de este mes, el 74 % de los votantes del oficialismo cree que gobernará Cristina, mientras que siete de cada diez votantes del peronismo sostienen que lo hará Alberto.

Según la encuesta, cuando se tiene en cuenta el universo total del electorado, un 45 % cree que será Cristina la que ejerza el poder y un 41 % piensa que lo hará Alberto.

En la prensa local corre todo tipo de especulaciones sobre si la jefa política de Alberto desde finales de 2007 y hasta su renuncia como coordinador del Gabinete de ministros, a mediados de 2008, tendrá un virtual poder de veto en las decisiones del jefe de Estado e injerencia en la conformación del Gabinete.

Por lo pronto, tuvo un rol central en la definición de las listas de postulantes al Parlamento y de algunos candidatos a puestos ejecutivos, como el aspirante a gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, exministro de Economía de Cristina Fernández.

Sin embargo, para el analista Patricio Giusto, director de la consultora Diagnóstico Político, Cristina va a mantenerse en la posición de presidenta del Senado, función que cumplen los vicepresidentes en Argentina por mandato constitucional.

Su "prioridad", apunta el consultor, son sus hijos, Máximo y Florencia, ambos salpicados por los escándalos por presunta corrupción y esta última, además, con problemas de salud que la mantienen bajo tratamiento en Cuba.

"No coincido con las visiones de que Alberto va a ser un títere de Cristina. Aunque la relación no sea fácil, no veo a Cristina buscando obstaculizar o teniendo una incidencia en las decisiones fundamentales que tome Alberto Fernández", asevero a EFE Giusto, para quien, de todos modos, por su fuerte personalidad, la senadora no será una "vicepresidenta testimonial o de segundo plano".

Con todo, el analista avizora una convivencia "muy tensa" entre Alberto y el "kirchnerismo duro", con el que el potencial presidente tendrá que lidiar cuando ese sector presione por lugares centrales en el Gabinete -algo que pareciera que el candidato no está dispuesto a conceder- o por el rumbo de las políticas gubernamentales.

De vencer en estos comicios, el Frente de Todos llegará al poder como un mosaico de corrientes muy diversas del peronismo e incluso en pugna hasta hace pocos meses.

Allí conviven el albertismo,  el massismo -los que responden a Sergio Massa, otro ex jefe de Gabinete de Cristina que se convirtió luego en un férreo crítico de su gestión-, los siempre poderosos gobernadores peronistas y el cristinismo, cuyo núcleo duro es La Cámpora, la agrupación política que lidera Máximo Kirchner.

Demasiados intereses a conciliar

La historia reciente de Argentina no ayuda: los antecedentes de coaliciones electorales exitosas son escasísimos y las relaciones de los jefes de Estado con sus vicepresidentes muchas veces han tenido un mal final.

La propia Cristina terminó rompiendo todo diálogo con el vicepresidente de su primer mandato, el radical Julio Cobos, tachado de traidor por el kirchnerismo cuando este se puso del lado de las patronales rurales en el álgido conflicto de 2008 por los impuestos a las exportaciones de granos, un hecho que, por cierto, determinó la brusca salida de Alberto Fernández de aquel Gobierno.

Alberto se fue y pasó a las filas de los detractores del kirchnerismo. "El peronismo fue progresista con Kirchner y patético con Cristina". "Es dificilísimo encontrar algo virtuoso en su último mandato". Eso decía Alberto hace cuatro años.

Ahora afirma que con Cristina, a la que considera una "amiga" y una "gran estratega", están otra vez juntos por "convicción política y humana".

Decía Juan Domingo Perón, instando a los suyos a sacrificar las ambiciones personales en pos del bien del conjunto, que "para un peronista no debe haber nada mejor que otro peronista". La historia dirá si para Cristina no hay nada mejor que Alberto.

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