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Buhoneros pagan Bs. 100 diarios para permanecer en Las Pulgas

Nataly Angulo V. / diariolaverdadweb@gmail.com
El mercado Las Pulgas cumple este viernes un mes de su intervención. El mercado luce más organizado pero tiene montañas de basura, latas y escombros de los tarantines que se demolieron

Fotos: José Gil

Los buhoneros regresan de a poco al mercado Las Pulgas, que mañana viernes cumple un mes de su intervención. La cantidad de comerciantes informales no es la misma de hace un mes, cuando el paso peatonal estaba limitado en el comercio, que sigue con montañas de basura, latas, tubos y escombros de los tarantines que se demolieron.

Las mesas con alimentos y productos de higiene personal están de nuevo en la parte trasera del mercado, a la vista de compradores e incluso de los funcionarios de la Guardia Nacional encargados de mantener el orden.

La permanencia de los buhoneros en Las Pulgas tiene un precio. “Para que te permitan vender y no te muevan tienes que pagarle a los guardias”, dijo un vendedor de queso, quien prefiere pagar que salirse del mercado.

“Pagamos 50 bolívares diarios”, aseguró el comerciante informal, que prefirió no identificarse. El precio aumenta al doble para aquellos buhoneros que vendan cigarros. “Nosotros pagamos 100 bolívares diarios y así no nos mueven”, confirmó un vendedor.

Pero, también hay condiciones. En las mesas está prohibida la venta de harina de maíz, arroz, aceite, margarina y mayonesa. “Si me entero que estáis vendiendo otra vez arroz, me llevo todas estas mesas”, le dijo un guardia a una buhonera que en una mesa ofertaba pañales, champú, jabón de baño y en polvo, cigarros, café, sal, entre otros productos.

Los buhoneros no dejan de vender los alimentos considerados de primera necesidad. Ellos aprovechan la “distracción” de los funcionarios y colocan un kilo de arroz, harina o azúcar para que el consumidor sepa que tienen el producto.

Otra forma es la venta de pie. Hay vendedores que cargan un morral con los kilos del producto y apenas dos paquetes los tienen en las manos. “Yo vengo de la Curva a vender aquí el arroz. Los guardias no nos dicen nada, a menos que alguien nos acuse. Ahí, sí se pueden llevar la mercancía y meternos preso”, dijo el joven, que tiene cinco años como vendedor ambulante.

Honoria Morales vende plátanos junto a su esposo desde hace unos 20 años en Las Pulgas. No ha dejado de vender en el centro, pese a la intervención del casco central que promueve la eliminación de los buhoneros.

“No me puedo ir porque después no tenemos de qué vivir. Nosotros lo que hacemos es que si nos mueven de una esquina, nos vamos para otra, y así pasamos todo el día”, dijo la mujer de 50 años.

 

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