El país de las contradicciones parece ser Venezuela. Lo que hoy los estudiantes piden con bocas cosidas, en ayuno y resteados con la causa, fue lo mismo que hace 10 años alardeó el presidente Hugo Chávez ante la mismísima Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH): Su visita al país, para que verificaran directamente la situación.
Así que la petición no es nueva, ni mucho menos parte de un “show mediático” o “estrategia política”. El primer mandatario también ha utilizado -cuando le ha convenido- al organismo internacional para que interceda en la causa local.
Virginia Contreras, ex embajadora de Venezuela ante la Organización de Estados Americanos (OEA), recordó claramente cómo el 22 de septiembre de 1999, un Hugo Chávez sereno y presuntuoso, se exponía ante los miembros de la CIDH, en Washington, como el primer jefe de Estado de Suramérica que acudía a la sede la Comisión, y sin temor alguno que lo inspeccionaran solicitó que una delegación realizara una visita in loco a Venezuela.
“Muchos años después le tomamos la palabra. Señor, si usted fue el que los invitó como que ahora no los deja venir”, expresó Contreras, quien añadió que no fue esa la única vez que el Ejecutivo recurrió al organismo.
En diciembre de 1999, el entonces canciller de la república, José Vicente Rangel, denunciaba ante la CIDH a la División de Servicios de Inteligencia y Prevención (DISIP), por ser responsables de las desapariciones de tres ciudadanos durante los deslaves ocurridos en Vargas. La acusación procedió y la Corte internacional ordenó la indemnización de las víctimas. “Contradictorio es lo que ocurre en Venezuela, porque lo que para el Gobierno no es conveniente en un momento, en otros, cuando le ha interesado, sí procede y acepta todas las condiciones”, señaló la también analista internacional en conversación telefónica con La Verdad.
Sin permiso
Aunque no hay una voz oficial que confirme las veces que el Estado venezolano se ha negado a aceptar la visita de la Comisión especialista en derechos humanos, un comunicado de prensa del organismo de hace un año afirma que la última vez que acudieron al país fue en mayo 2002, para constatar los sucesos del 11 de abril, y que desde entonces no han tenido “luz verde” por parte del Gobierno del presidente Chávez.
La falta de independencia de los poderes, la persecución a dirigentes políticos, los presos políticos, las restricciones a la libertad de expresión y la reiterada violación a la Constitución han sido los argumentos más exclamados por ONG, partidos políticos y particulares ante la dependencia interamericana. Sin embargo, las puertas han permanecido cerradas, y aunque se nieguen a afirmarlo, el Ejecutivo se resiste a dejar entrar a los observadores internacionales.
“Nunca estaríamos negados. Es uno de los países más visitados por los organismos internacionales. Aquí no ha habido ningún Estado que tenga un punto de crítica ni ha solicitado ninguna investigación, pero tampoco puede venir el que le de la gana para sacar ventaja a un solo sector del país”, expresó Eustoquio Contreras, diputado e integrante de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Nacional, para quien “algunos miembros” de la CIDH carecen de legitimidad y buena intención.
También el argumento que hasta ahora acepta sostener el Gobierno para negarse a la visita es la actuación del organismo durante los sucesos del 11-A. "La Comisión Interamericana de los Derechos Humanos tiene un asunto pendiente con Venezuela, y es que su coordinador (en referencia al secretario ejecutivo, Santiago Cantón) dio una aplauso al señor (Pedro) Carmona cuando dio un golpe de Estado y nosotros hemos reclamado persistentemente sobre eso. Una vez que eso se resuelva, la Comisión podrá actuar", dijo Roy Daza, presidente de la Comisión de Política Exterior del parlamento.
Hasta el de “facto” acepta
Paradoja también parece ser el hecho que gobiernos interinos como el presidido por Roberto Micheletti, en Honduras, sí acepte la revisión de la CIDH a su país, y Venezuela que resalta como el país con mayores procesos electorales, no haya logrado la visita de la Comisión.
“Lo que sucede es que el Gobierno de Micheletti jamás se ha negado a que acuda la Comisión, una decisión que es respetable porque el cargo de presidente de la CIDH lo ocupa una venezolana (Luz Patricia Mejía), y sin embargo aceptó. El caso de Venezuela es que siempre le ha dado largas para evitar que acuda”, advirtió Virginia Contreras, quien además reconoce las veces en las que el organismos se ha hecho “de la vista gorda” para aceptar los sucesos que se denuncia en el país.
Apelando a la situación del Golpe de Estado en Honduras, el diputado Daza consideró que no es Venezuela donde la Comisión tiene su prueba de fuego. "La lucha por la defensa de la democracia tiene en Honduras un examen sin reparación, si lo pierde se pierde su vigencia".
Mientras, sigue la pugna entre los que exigen la entrada del organismo y los que no lo dejan llegar. Al menos ya son seis veces consecutivas en las que la CIDH alerta al Gobierno venezolano a mejorar la defensa y el cumplimiento de los derechos humanos en sus informes anuales, y otros casos como el cierre de RCTV y las demandas en contra de Globovisión, que también han recibido punto a su favor.
Los que no se cansan
- Estudiantes. Durante poco más de cinco días más de 150 estudiantes en todo el país replicaron la protesta de Ledezma, e hicieron ayuno para exigir la liberación del estudiante Julio César Rivas y la visita de la CIDH. “Haga su trabajo, vele por los derechos humanos de los presos políticos y los estudiantes, cuyo único delito fue pensar diferente, manifestar de forma pacífica”, dijo Roberto Patiño uno de los huelguistas, que acordaron no abandonar la calle hasta que el organismo pise tierra venezolana.
- Mandatarios. Una de las peticiones más contundentes a la CIDH la protagonizó el Alcalde Metropolitano, Antonio Ledezma, junto a otros trabajadores capitalinos. Durante cinco días, el burgomaestre exigió el pago de los empleados público y la visita de la Comisión al país. El 11 de agosto Ledezma junto a los gobernadores César Pérez Vivas y Pablo Pérez fueron recibidos por el secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, quien prometió gestionar la visita.