En entrevista exclusiva, Carlos Ortega, líder sindical que dirigió la Confederación de Trabajadores de Venezuela (CTV) desde 2001 y que un año después encabezó con Fedecámaras el paro cívico en contra del Gobierno de Hugo Chávez, conversó y detalló mucho de su situación de asilado en el Perú. Es la primera vez que Ortega habla en tres años.
- ¿Cómo vive Carlos Ortega en Perú? ¿Con quién vive? ¿A qué se dedica? ¿En qué piensa?
- Vivo con las restricciones afectivas y económicas con las que vive cualquier ciudadano privado de su patria por razones políticas. Claro que en mi caso en particular, tal situación se agrava pues, como todo el pueblo venezolano conoce, soy un hombre sin recursos y no poseo bienes de fortuna, por lo que en este país he pasado más trabajo que "ratón en ferretería", como decimos allá. Esta circunstancia económica me obliga a estar mucho tiempo solo, pues mi mujer no puede instalarse definitivamente aquí ni trasladarse con la frecuencia deseada.
- Estoy desempleado, y aún cuando agradezco profundamente a Perú y a su gobierno democrático haberme otorgado el asilo, en especial a su canciller José Antonio García Belaúnde y al presidente Alan García, estoy seguro que ambos desconocen mi precaria situación económica y laboral.
- En cuanto a qué me dedico, pues diariamente leo, escribo y sigo paso a paso y con muchísima preocupación la tragedia que vive nuestro país. Pienso en mi mamá, a quien no veo desde hace tres años; en mis hijos y nietos, quienes también han pagado las consecuencias de mi persecución; en mi familia en general; en mis amigos; y principalmente pienso, con mucha tristeza, en la infelicidad, la desventura, desdicha, en fin, en el calvario que viven los trabajadores y el pueblo de Venezuela.
- ¿Cómo ha sido su proceso de adaptación en este país? Son otras costumbres que aunque muy parecidas a las de Venezuela, siempre pegan.
- No puedo hacer comparaciones porque añoro la patria. Esto del exilio es muy duro, sin embargo, he logrado adaptarme dentro de lo posible a este país, y ello es producto de haber encontrado a una excelente familia peruana que me ha tendido la mano, me ha apoyado, me ha integrado como uno mas de ellos, incluso en algunas ocasiones me ha "sacado las patas del barro". En realidad no tengo como agradecerles a Lalo, Rite y Luz, y a sus hijos y demás familiares, el cariño, la solidaridad y el apoyo que nos han brindado en este país, solidaridad que por cierto, es muy parecida a la que en el pasado tuvimos los venezolanos entre nosotros mismos y que lamentablemente se perdió.
- En cuanto a la comida, extraño el mondongo, el pabellón, las empanadas, el chivo, la arepa pela’, el queso de cabra y el cochino frito, pero indudablemente que la comida peruana es muy buena, exquisita y, en ese sentido, me he adaptado muy bien porque soy muy glotón, me gusta comer bien y aquí en Lima, en todas, partes se come sabroso.
- ¿Cómo se vive en el exilio? ¿Cuál es la experiencia más fuerte que ha pasado y qué es lo que más extraña de Venezuela?
- El exilio es muy duro, muy fuerte, sobre todo cuando no se cuenta con recursos económicos ni trabajo, ni con la solidaridad de mis propios compañeros de lucha sindical, en quienes creí ciegamente. Tal vez la situación más fuerte que he afrontado ha sido tener sólo cereal y leche para comer. De Venezuela, mi país, mi patria, echo de menos todo: mis hijos, mis nietos, mi familia, mi Punto Fijo, el clima, Caracas, mis amigos, la comida, la prensa, la CTV, los trabajadores y sus familias... y todo lo extraño con la misma intensidad.
- ¿Por qué escogió Perú?
- Por la tradición democrática que históricamente ostenta, además porque confié en las amistades que tengo aquí ya que muchas de ellas vivieron, atravesaron por la situación que estoy pasando y para ese momento contaron con la solidaridad y el apoyo nuestro y de mi partido Acción Democrática y del pueblo venezolano en general, y pensé que era posible la reciprocidad.
- ¿ Se arrepiente de algo de las cosas que pasaron y que lo obligaron a salir del país? ¿Se arrepiente de lo que ha vivido? ¿Si tuviera que echar la película hacia atrás qué haría de nuevo y qué no haría?
- No me arrepiento absolutamente de nada y asumo toda la responsabilidad sobre lo bueno y lo malo que la lucha política y social que libramos haya causado, porque mi obligación era dar la cara por los trabajadores y el pueblo en general, que clamaba libertad y democracia. Si la consecuencia de esto fue transformar un paro general, cívico, pacífico y constitucional en una rebelión civil para meterme a la cárcel por 16 años, lo asumo con entereza y repito lo que les dije en el tribunal a la juez Milagros Morales y a la fiscal acusadora, Luisa Ortega Díaz, actual Fiscal General de la República: no pido clemencia ni perdón porque no cometí ningún delito, sino que mi compromiso como luchador social era asumir la defensa y vocería de los trabajadores y de la población venezolana, y eso hice.
- Aprovecho esta oportunidad para aclarar de una vez por todas que fui juzgado por rebelión civil, delito político por excelencia, que tampoco cometí, pero en todo caso, no fui enjuiciado por golpista o conspirador como muchos de mis supuestos aliados, amigos y compañeros de la oposición han manifestado y menos aún por haber cometido algún delito común. A pesar de ser uno de los venezolanos más investigado y perseguido, no tiene nadie ninguna posibilidad de relacionarme o señalarme como incurso en algún hecho de corruptela.
- ¿Siente que ha cumplido con la patria o todavía le falta?
- He cumplido, pero me falta, ahora es cuando, porque con la patria nunca se termina de cumplir, menos con una patria tan generosa y grande como Venezuela. Lamentablemente mi condición de asilado político comporta ciertas restricciones ciudadanas, pues la ley de Asilo peruana no sólo me prohíbe dar declaraciones políticas sino también realizar cualquier actividad de ese tipo y ello, obviamente, ha retrasado el cumplimiento del deber que en ese sentido tengo con mi país.
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Biografía de Carlos Ortega (Wikipedia)
Último mensaje público de Carlos Ortega a Venezuela (mayo 2007)