Lía Bermúdez: “Soy más maracucha que cualquiera”

Nailibeth Parra Carvajal / [email protected]
Esta es una de la últimas entrevista que ofreció la artista antes de regresar a la capital y que se publicó en Estampas Zuliana

/Foto: Archivo Norge Boscán)

“La experiencia más enriquecedora es conocerla. Su dimensión humana y artística van a la par. Frágil y fuerte, sencilla y tenaz. Su obra, pesadamente trabada es ágil y abierta al espacio, siendo el infinito su objetivo. Tierra y cielo se conjugan en una obra multiforme que trata de escapar de sí misma”. Ningunas otras palabras, que las del historiador Ángel Lombardi, podrían describir mejor a uno de los personajes más emblemáticos que tiene el Zulia.

Artista, madre, esposa y amiga, consiguió que Maracaibo y su nombre se escuchen como uno solo. Ciudad y creación se sellaron para siempre en un pacto de pertenencia eterna. Es Lía Bermúdez, la dama que a pesar de no haber nacido en tierras zulianas se considera más “maracucha que cualquiera que esté aquí, porque todo fue voluntariamente”.

Según una de la últimas entrevista que ofreció la artista antes de regresar a la capital y que se publicó en Estampas Zuliana, desde su llegada a Maracaibo la identificación fue completa. Aquella tarde de 1948 cuando un especial viaje en ferry le obsequió su primer contacto con el “Sol Amado”, la sensibilidad artística brotaría en su máximo esplendor.

El perfil del Malecón, el Mercado Principal, el Convento, el Hotel Granada y del Teatro Baralt se convirtieron en el regalo perfecto que llenó el vacío de dejar a su querida Caracas, a su recordada Palmita a Piedras, en la parroquia Santa Rosalía, donde junto a sus cuatro hermanos conocería sus primeros destellos de creatividad y el amor que la llevaría a conocer su ciudad adoptiva: Maracaibo.

"El lago me cautivó, fue una impresión enorme entrar a la ciudad, era una sensación verdaderamente especial y distinta a todas las ciudades que había conocido antes. Lo que más me impactó fue la diversidad de estilos, es que no era una arquitectura colonial, tenía mucha semejanza a la holandesa... nunca voy a olvidar ese momento”.

De esta manera, Lía rememoraba el momento justo en el que su mirada se volteó al calor marabino y que a pesar de sus escasos 18 años ya la vislumbraba como uno de los lugares más ricos para la creación.

Este sentimiento contribuyó a que la artista formara parte de la lista de los grandes baluartes de la vanguardia venezolana junto a nombres como Jesús Soto, Alejandro Otero, Carlos Cruz Diez o Víctor Valera.

Sus obras adornaron el Metro de Caracas, el Paseo Ciencia, el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, la Universidad del Zulia, el Teatro Bellas Artes, la Plaza Bolívar de Maracaibo, la Plaza Baralt, para seguir demostrar que su trabajo, callado pero incansable, llenó de orgullo a Maracaibo en incontables ocasiones.

No quería detenerse

Quedaron entre sus proyectos dos nuevos museos para Maracaibo: el Museo Ecológico del Lago y el Museo Barro de América. Justo frente al Lago de Maracaibo, Lía Bermúdez esperaba edificar lo que sería el primer museo ecológico en honor al emporio lacustre. Con objetivos claramente definidos, la artista reveló que anhelaba conformar todo un eje cultural nunca antes visto, donde el Lago sería puesto en escena.

“No tengo mucho tiempo y no puedo perder ni un minuto... Ojalá Dios me dé el tiempo suficiente para terminar todo lo que quiero hacer”, expresó en esa oportunidad.

 

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